domingo, 22 de abril de 2012




Análisis comparativo de la sociedad egipcia en los libros de Heródoto.

Por: Germán Camacho Jiménez.

En cuanto al presente trabajo, cabe señalar que el acercamiento inicial con el tema se debe a cuestiones sociales muy interesantes, siendo así que no se ha encontrado o elaborado un trabajo como tal comparando la sociedad egipcia desde distintos puntos de vista, y tomando como base el fundamental trabajo de Heródoto. En materia de comparación se han revisado diversos libros que nos muestran una visión de la sociedad egipcia mediante la cual se intenta hacer la comparación que es tema fundamental en este escrito.
Otro punto que se debe mencionar al respecto es que se toman como referencia a autores que no datan de la época de Heródoto, pero que hablan de Egipto, su estructura y sociedad.
Antes de comenzar a escribir sobre el tema al cual ya se ha hecho referencia, debemos comenzar por conocer al autor quien será clave en el presente trabajo, es así que se comenzará por hablar de Heródoto, el padre de la historia, dando algunas notas biográficas y comentarios que hacen otros escritores cercanos a su tiempo en torno a él.

Heródoto.

Del autor se tienen diversas noticias, por principio de cuentas, se sabe que nace en la ciudad de Halicarnaso, en la provincia de Caria; siendo esta Doria y se encuentra en la costa sureste del Asia Menor, frente a la isla de Cos.[1]Nacido de una familia no sobresaliente, es decir sin cargos públicos, políticos o relevancia alguna que se conozca, se dice que: “Por el contexto de la narración se deduce que Heródoto, «que no hacía genealogía de sí mismo», en ningún momento pretendió nobleza en su linaje, no porque la despreciara, sino porque simplemente no la tenía”[2], aunado a este último punto, también tenemos la coincidencia en las fuentes que: “[…] según las notas biográficas del lexicógrafo Suidas, «Heródoto era hijo de Lyxes y Dryo, halicarnasence de los distinguidos»”. [3] Por ambas referencias es que se confirma que el origen de nuestro autor no era noble y que son sus padres, de alguna manera distinguidos aunque no en el sentido de provenir de un linaje alto.
Siguiendo la línea del origen del autor, se dice en el estudio realizado por O’Gorman: ” Más bien parece que Heródoto era griego con mezcla de sangre caria, suposición que no le sería en modo alguno injuriosa si nos atenemos a la opinión favorable con que en diversas ocasiones se expresa el historiador al referirse a los carios”.[4] Es difícil llegar a hacer una afirmación de este tipo, ya que es demasiado subjetiva, si bien el historiador parece no tener problemas al referirse a los carios, esto pudiera deberse a un sinfín de razones de las cuales solo el mismo autor sabe y cualquier tipo de opinión contraria, se estaría dejando llevar por la subjetividad al menos eso pareciera.
En cuanto a su formación, sabemos que guarda la tradición de Homero en la construcción de su obra, por tanto, él llegó a escuchar las obras homéricas y de acuerdo con la siguiente cita, influyó bastante en la manera de relatar de nuestro autor:

[…] el retórico y crítico literario Dionisio de Halicarnaso en una epístola a Pomponio, donde dice: «Heródoto sabía que todo relato de gran extensión fatiga el oído del oyente si trata de un mismo asunto sin interrupción; pero, si se introducen pausas espaciadas, afecta agradablemente el ánimo. Por eso se propuso darle variedad a su obra imitando a Homero. Si tomamos su libro, lo admiramos hasta la última sílaba, y siempre estamos deseosos de más».[5]

Es claro que continúa con la tradición de narrar en forma de cantos sus libros, ya que no solo es el estilo más atractivo de la época, sino también por que es la manera más fácil de lograr difundir su obra en lugares en donde es difícil el acceso a los libros (que en la sociedad griega y a estas fechas, es así en casi todos los lugares).
Respecto a cómo fue vista su obra, podemos prestarnos a la subjetividad al decir que generalmente era aceptada en su tiempo, de no ser porque según O’Gorman, recibe el autor un reconocimiento por parte de los atenienses en 445, debido a sus trabajos históricos.[6]
También se tienen referencias que para futuros autores, Heródoto no fue un gran escritor, ni mucho menos un gran historiador, o al menos así lo hacen ver algunos de los escritores posteriores al llamado padre de la historia; como ejemplo podemos comenzar con Tucídides quien en su obra Historia de la guerra del Peloponeso, hace mención, a decir de los estudiosos de este autor,  de la manera en que Heródoto cuenta sus historias:

Más el que quisiere examinar las conjeturas que yo he traído, en lo que arriba he dicho, no podrá errar por modo alguno. No dará crédito del todo a los poetas que, por sus ficciones, hacen las cosas mas grandes de lo que son, ni a los historiadores que mezclan las poesías en sus historias, y procuran antes decir cosas deleitables y apacibles a los oídos del que escucha que verdaderas.[7]

Es decir que, para algunos de sus contemporáneos, tampoco nuestro autor es el gran historiador que se dice ser, sin embargo, no podemos dejar de lado que Tucídides de acuerdo con algunos puntos de vista, trata de ganar mayor validez en su trabajo de la que pudo llegar a conseguir nuestro autor.
Ejemplo similar lo podemos encontrar en el famoso autor Plutarco, quien incluso no se quedó solo en el hablar de Heródoto, sino escribe todo un tratado en su contra, el cual se encuentra incluido dentro de las obras de los Moralia y es llamado, Contra la malevolencia de Heródoto, en el que hace una serie de acusaciones del autor debido a su método, estilo, fuentes, etc.[8]
Y es también, solo por mencionar, el caso de Manetón, autor de quien se conservan solo fragmentos de su obra Historia de Egipto, pero que ya estando en manos de Flavio Josefo, pareciera que el padre de la historia es solo un mentiroso en cuanto a los pasajes de sus historias se refiere.[9]
En cuanto a la obra de Heródoto, tenemos informes que: “El libro de Heródoto, tal como nos ha llegado, está dividido en nueve libros que, de acuerdo con varios manuscritos, ostentan numeración progresiva y, como título, los nombres de las musas.”[10], es así que la obra llega hasta nuestras manos, independientemente de cual sea la edición o traducción del texto: “Todas las ediciones modernas respetan esas características, aunque reconociendo que no son originales, sino la obra de un editor antiguo, probablemente de la época alejandrina.”[11], si algo es seguro es la división de la obra en nueve libros y que gracias a las copias que se encontraron de los textos, es que hoy día ha podido llegar a nuestras manos.
Tratando el asunto del que habla nuestro autor en su texto, podemos decir que son diversos, debido a que su escrito está fundamentado en los lugares que visita y los pueblos que en ellos se encuentran. Siendo así que de entre sus viajes, menciona a los: griegos, peloponesios o lacedemonios, corintios, atenienses, delfios, macedonios, escythas, delios, milesios, lidios, medos, persas, chipriotas, fenicios, árabes, argivos, etíopes, libios, sibaritas y crotoniatas, cartagineses y siracusanos y por último a los egipcios.[12] Dentro de la temática de nuestro autor; Ramírez Trejo señala que: “Por encima de todo le interesa el hombre en su persona, su actividad, sus costumbres, sus medios de vida, su lengua, su vestido, sus dioses, sus países.”[13]
Es evidente que a nuestro autor le interesa mucho más la vida pública que hacer biografía entera de algún personaje sobresaliente, ya que de ser esto inverso no se hubiera tomado la molestia de viajar a los lugares que dice que viajó.
Tratándose del género, se hace pensar que su obra la elabora con fines de conocimiento, intimando en los demás pueblos, sus costumbres, las semejanzas y diferencias, la manera en que viven o la manera en que le dicen que viven, etc. Es una especie, de estudio geográfico-antropológico de distintas regiones, mismas que a las personas a las que les relata su o sus historias, les llaman la atención por ser lugares enigmáticos y exóticos; o simplemente por escuchar lo que Heródoto va a contar.

Heródoto y Egipto.

Ya entrando en el tema que respecta a este pequeño trabajo, comenzaremos por definir, la situación geográfica que Heródoto en sus viajes toca al llegar al territorio de Egipto, “[…] si adoptamos la opinión corriente entre los griegos, diremos que todo Egipto, empezando desde las cataratas y de la ciudad de Elefantina, se divide en dos partes y lleva ambos nombres: una parte pertenece a la Libia y otra al Asia”.[14] Con esto se considera la extensión que nuestro autor tratará de explorar y en la cual se dedicará a indagar los temas que le interesan para así poder elaborar sus historias.
Antes de comenzar a describir a la sociedad egipcia, de la cual el padre de la historia cuenta bastantes y tan diversas cuestiones, se trata de exponer lo que a su parecer es el origen de dichos seres humanos: “La base de la población egipcia parece haber sido constituida por una raza camítica, a la cual pertenecen también los galas y somalíes, que se radicaron al sudeste de Egipto, y los bérberes de Libia”[15], según Drioton y Vander, esta raza tuvo una serie de combinaciones con las culturas autóctonas de la región y desembocó en el egipcio que incluso hoy en día se puede distinguir debido a rasgos característicos y muy distintivos de éstos[16]
Ya marca con distinguida naturalidad que los egipcios son, de alguna manera, la raza más antigua que habita en aquellas regiones y que es de ésta, de quien aprenden las otras razas que comparten la situación geográfica, por ejemplo: “Y una vez establecidos entre los etíopes, fueron humanizándose éstos por aprehender las costumbres egipcias.”[17] es de comprenderse que a Egipto se le tome como una cultura ancestral por parte de los griegos, debido a todos los adelantos tecnológicos que éstos tenían e incluso las pirámides parecen haber sorprendido a más de uno , cosa que Heródoto aprovecha bien para poder ser escuchado o bien, leído entre los suyos.
Cuando el autor de Las historias, comienza a describir a Egipto es incuestionable que se siente admirado por el lugar: “Paso a hablar del Egipto con detenimiento, pues comparado con cualquier otro país, es el que más maravillas tiene y el que más obras presenta superiores a todo encarecimiento”[18], en esta descripción a nuestro parecer, es en la que el escritor hace mayor referencia en cuanto a sus usos, costumbres, ritos y semejanzas entre culturas, quizás porque le intrigaba, y no solo a él, el saber más de esta cultura que se encontraba un tanto alejada de su ahora hogar, Grecia.
Y respecto a éste último punto, tomaremos el comentario de Jacques Lacarriere, el cual se considera bastante acertado:

Jamás su natural curiosidad quedó sometida una tan maravillosa prueba. No se contenta con mirar, pasearse, tomar nota de los detalles de la vida cotidiana; pregunta, inquiere, acopia datos acerca de todos los temas y especialmente, sobre aquello que tanto debía impresionar a los visitantes: los ritos, los templos, los sacerdotes, en suma, la vida religiosa.[19]

Es evidente que Heródoto nunca perdió de vista el estar haciendo una o varias historias, para un público determinado, por el contrario, la perspectiva de llamar la atención de los espectadores, pareciera que es una constante en todo su trabajo.
El mismo Heródoto, nos habla de la división de clases sociales que existe en Egipto al tiempo en que lo visita: “Hay siete clases de egipcios de las cuales una se llama la de los sacerdotes, otra de los guerreros, otra la de los boyeros, otra la de porquerizos, otra la de mercaderes, otra la de intérpretes y otra la de pilotos”[20], cabe mencionar que en esta división de estratos sociales, el autor está dejando fuera la figura dominante que sería hasta un cierto punto, la cumbre de la pirámide social; con esto me refiero a la clase faraónica o mejor dicho, al faraón y a su familia directa, ya que se consideraba sagrado y por tanto una variedad totalmente diferente dentro de la sociedad egipcia.
Pasemos ahora a tratar de describir cada una de estas clases o estratos sociales.

Los Sacerdotes.

Primero los sacerdotes, de los cuales Heródoto nos habla bastante ya que parece sorprenderle la gran devoción que estos presentan ante los ritos religiosos; y tenemos que:

Los sacerdotes se rapan todo el cuerpo día por medio, para que ni piojo ni otra sabandija alguna se encuentre en ellos al tiempo de sus servicios divinos. Llevan los sacerdotes solamente vestido de lino y calzado de papiro, y no le está permitido ponerse otro vestido ni otro calzado. Se lavan con agua fría, dos veces al día y dos veces a la noche, y cumplen otras prácticas religiosas en número infinito por así decirlo[21]

Con esto, nuestro autor nos está dando valiosa información en torno a las costumbres del dicho estrato social, en primer lugar, nos hace percibir que en efecto, tuvo contacto con sacerdotes y que posiblemente le contaran del trabajo que dichos personajes realizaban, dando cuenta de la extrema limpieza que era requerida para los cultos sagrados, esto es importante ya que demuestra que la ablución es fundamental como símbolo de pureza, una persona sucia no puede ser digno de rendir culto a los dioses, e incluso, se hace pensar que podía tomarse como ejemplo de vida para el resto de la población, digamos que servían de modelo para fomentar la limpieza en los ciudadanos y así, evitar enfermedades, es decir, eran el ejemplo de sanidad.
Continúa Heródoto hablando de los ya mencionados personajes, diciendo que:

Disfrutan en cambio de no pocas ventajas, pues no gastan ni consumen nada  de su propia hacienda; se les cuecen panes sagrados y a cada cual le toca por día gran cantidad de carne de buey[22] y de ganso[23]; también se les da vino de uva; pero no les está permitido comer pescado. Los egipcios no siembran en absoluto habas en sus campos, y las que hubieran crecido, ni las mascan ni las comen cocidas, y los sacerdotes no toleran verlas, teniéndolas por legumbres impuras. No hay un solo sacerdote para cada uno de los dioses, sino muchos, uno de los cuales es sumo sacerdote; cuando alguno muere, su hijo le reemplaza.[24]

Es de esta manera que Heródoto nos está no solo relatando los usos y costumbres de los sacerdotes egipcios, sino que su descripción va más allá, comentando incluso lo que se debe o no se debe comer. Y es razón de este punto, el comentar que, según Lacarriere los egipcios no comían habas por que: “La razón exacta es, por otra parte extraña: ellos veían en el haba una reproducción abortada de la forma humana, una especie de feto vegetal. Dejando un haba fermentar algunos días al sol, debajo de una marmita, se hinchaba, germinaba y tomaba la apariencia, por lo menos según los seguidores de Pitágoras de un niño en miniatura.”[25], con lo cual de ser cierto este último punto, se confirmaría la visión de Heródoto en torno a lo supersticiosos que son los egipcios de esta época, o bien podría entenderse como un caso de extrema religiosidad al tomar como el principio fundamental del respeto a los dioses, el culto a la vida misma y el respeto por la muerte humana.
Otro punto destacable para esta denominación social que nos marca el autor, es que en Egipto, a diferencia de otros pueblos, entre ellos el griego, los sacerdotes son varones y en las otras regiones la mayoría de las personas que dedican veneración y culto a los dioses, son mujeres.

Los Guerreros.

Toquemos ahora, el caso de los guerreros, que para fines prácticos podemos definir como soldados, es decir la milicia de Egipto, de la cual se considera que es una parte importante para la historia de cualquier pueblo o civilización.
Referente a esta franja social, tenemos que: “El militar en cuanto tal, las virtudes militares en cuanto tales, no forman parte del panorama oficial que el mundo egipcio transmite de sí mismo.”[26], quizás el mundo egipcio no toma con gran importancia el transmitir la historia de sus guerras ganadas o perdidas, pero para fortuna de nosotros, son los extranjeros como Heródoto, quienes nos hacen mayores referencias de la vida de los guerreros y de las batallas con cierto grado de importancia. El autor de Halicarnaso, nos menciona de los guerreros como punto principal, sus privilegios especiales: “Los guerreros eran los únicos entre los egipcios, quitando los sacerdotes, que tenían estos privilegios especiales: cada uno tenía reservadas doce auras de tierra, libres de impuesto”[27]Queda expuesto de manera clara, que el servir a la defensa del territorio lleva una serie de privilegios que hacen más fácil la carga de exponer la vida, probablemente se tenga en consideración la idea de honor en este estrato social, cosa que no sería ajena a la época.
De las fuentes más antiguas en cuanto a la historia militar de Egipto, Margarita García Galán comenta que:

Los monumentos egipcios más antiguos –es decir, las paletas protodinásticas- representan o aluden a una actividad guerrera. El faraón victorioso aparece en la fachada de todos los templos egipcios y las escenas de batalla son el tema de los grandes relieves históricos del Imperio Nuevo.[28]

Sin duda alguna, la figura del soldado o el guerrero tanto en Egipto como en todos los pueblos del mundo entero, es indispensable, desde el momento en que un grupo de personas tiene conflicto territorial con otro grupo de personas, creando un problema que ya no se puede resolver mediante convenios, pactos o demás; desde ese mismo instante, la figura de la milicia o en este caso de los guerreros peleando por defender algo, se vuelve indispensable para un pueblo.
Podríamos suponer de igual manera, que Heródoto, aunque no describe ni menciona algún pasaje referente a las armas que utilizaban, o las vestimentas o las formaciones militares, si nos hace mención de conflictos bélicos e incluso nos refiere un poco en torno a lo que los egipcios pensaban de sus guerreros: “No acostumbran tampoco los egipcios tributar ningún culto a los héroes.”[29], no parece ser necesario para la cultura egipcia, engrandecer a los héroes cuando tienen una vida que dedicar al faraón, quien pareciera ser no solo la imagen principal de esta civilización, sino, el hombre-dios, dueño de todo elogio y admiración e incluso el único “humano” digno de rendir culto. Es probable también que no se rindiera culto a los guerreros por el carácter hereditario en cada una de estas esferas sociales.
Por último, se hace pertinente señalar:

Es indicado pensar que los problemas organizativos planteados por el empleo de masas de mano de obra tan numerosas y cuya actividad debía coordinarse, habrán obligado en esta época a los egipcios en condiciones de constituir complejos disciplinados, a organizar su supervivencia y a especificar sus funciones. En otras palabras, a sentar las premisas que serán características de los ejércitos egipcios, es decir, la minuciosa atención puesta en los aspectos logísticos.[30]

Dando por entendido que el guerrero, no es solo la figura bélica, es también una parte fundamental para la construcción, para el control y evidentemente para el orden social; tiene, al menos en Egipto, el carácter de una especie de policía moderna (guardando las debidas distancias) que al encargarse de guardar las leyes se transforma en algo más que un soldado, es ahora una figura de autoridad.

Los Boyeros.

Es turno ahora de describir un poco el trabajo y la importancia de los boyeros, quienes al encargarse del cuidado de uno de los animales más importantes y con una tremenda connotación religiosa; debieron ser parte primordial en la escala social egipcia.
De acuerdo al texto de Heródoto, es el boyero el intermediario directo entre el sacerdote y el mercader, sin embargo, no solo se dedica a llevar a las reces de aquí para allá, sino también se debe de haber dedicado al criadero de ganado, por decirlo así, sería el ahora pastor, en el sentido de conducir al ganado.
En torno al por qué es importante la labor del boyero, se puede deducir mediante la divinidad que veneran y a la cual se le ha relacionado con el buey: “La imagen de Isis es una mujer con astas de buey, tal como los griegos pintan a Ío; y los egipcios todos a una veneran a las vacas muchísimo más que a todas las bestias de ganado.”[31], por tanto es  innegable que el trabajo de conducir al ganado es importante, son como los representantes más indignos de Isis.
Por otro lado, al hacer referencia en que son los mediadores entre el sacerdote y el mercader, también es fácilmente de deducir, por palabras del mismo autor:

Piensan los egipcios que los toros pertenecen a Épafo, y por este motivo los examinan así: si le encuentran aunque sea un solo pelo negro, ya no le tienen por puro. Hace la búsqueda uno  de los sacerdotes encargados de ello, estando la res ya en pie, ya boca arriba; le hace sacar la lengua […] Si está puro de todas esas señales, lo marca enroscándole en las astas un papiro, y pegándole luego cierta tierra a manera de lacre, en la que imprime su sello; y así lo llevan. Quien sacrifica a una víctima no marcada tiene pena de muerte.[32]

Evidentemente, no se pueden comer, ni matar a todas las reces que tienen en el ganado, por ende, se deduce que todas estas criaturas deben tener cierta utilidad, siendo así que se deben vender a los mercaderes extranjeros. Y de igual manera es nuestro autor principal quien nos acerca a esta hipótesis: “Desuellan el cuerpo de la res y cargando de maldiciones la cabeza, se la llevan; donde hay mercado y mercaderes griegos establecidos, la llevan al mercado y la venden […]”[33], si es esto lo que se hace con las cabezas de los toros marcados, imaginemos solo lo que se hace con las reces vivas.

Los Porquerizos.

En cuanto a la clase que Heródoto nombra porquerizos, no solo nos indica que el animal es impuro, sino que de todos los estratos sociales, estos parecen llevarse la peor de las partes:

Los egipcios miran al puerco como animal impuro; por eso, si al pasar alguien rosa un puerco, va a bañarse al rio con sus vestidos, y por eso los porquerizos, aunque son naturales del país, son los únicos entre todos en no entrar a ningún templo, y nadie quiere darles en matrimonio sus hijas ni tomar las de ellos, viéndose obligados a casarse entre sí[34]

En este caso, iremos por partes; primero del por qué se le considera impuro al puerco, de esto, tenemos que: “[…] si el puerco, en el antiguo Egipto, era tratado con semejante desprecio, es que jugó un papel muy antipático en la leyenda de Osiris.”[35]; recordemos que según el mismo Heródoto, son los egipcios de entre las culturas que él dice haber visitado, los más supersticiosos que conoce, por lo que no sería tan sorprendente (y siendo crédulos a las palabras de nuestro autor) que esto tenga un cierto grado de verdad.
Así pues la leyenda de Osiris nos relata que:

Osiris, dios de la vegetación, convertido después en un dios de los muertos fue asesinado por su hermano Seth. Pero la diosa Isis, esposa de Osiris, logró hurtar sutilmente su cadáver y esconderlo.
Seth partió entonces en su búsqueda con la intención de mutilarlo y cortarlo en pedazos. Y fue un puerco (un cerdo negro, más exactamente) que descubrió el lugar donde yacía el cadáver y se lo señaló a Seth. A partir de ese día, los egipcios lo execraron.[36]

Con certeza no sabemos cual pueda ser la cusa de semejante exclusión del puerco de la cultura egipcia, sin embargo, es una cuestión común entre diversas civilizaciones que el cerdo se vea inmiscuido en cuestiones impuras, probablemente se deba a la gran cantidad de enfermedades que su carne produce, o bien al aspecto de este.
Lo más increíble, al parecer, es el alejamiento que la sociedad hace a los porquerizos, siendo que estos hacen la labor “maldita” de criar al ganado y de realizar labores que nadie quiere, pero que a todos les resulta útil: “La tarde de la fiesta de Dionisio, cada cual mata a en honor a Dionisio un cerdo en la puerta de su casa y lo entrega al mismo porquerizo a quien lo compró para que se lo lleve.”[37], se hace considerable pensar que es un acto de simbolismo el asesinar al dicho animal, ya que esta sociedad no tolera al puerco.

El Mercader.

Hablemos ahora de la clase social más común entre los pueblos antiguos, está radica su importancia no solo a nivel económico, sino cultural y es debido a la relación entre personas de esta labor, que se lograron incluso conocer diversas culturas; esta clase es la del mercader.
El mercader, por lo regular se mantiene en una escala socioeconómica de nivel medio, son ellos quienes tienen el primer contacto con las otras culturas, debido a la cantidad de lugares que deben visitar para vender sus mercancías.
En el libro de Drioton-Vander, se establece que:

[…] demostró que los derechos de aduana eran percibidos en las fronteras, en Asuán (el jefe de ese servicio se llamaba el “encargado.de la puerta de los países extranjeros meridionales”), en Saft el Hennah (el jefe de ese servicio se llamaba “encargado de la puerta de los países extranjeros septentrionales) y, probablemente, en Sais (el jefe de ese servicio se llamaba “encargado de la puerta de los países extranjeros de la Gran Verde”, es decir del Mediterráneo).
Esos servicios, por lo menos en Sais, fueron desorganizados, al parecer […][38]

Mediante el vendedor, es que Egipto logra encontrar y utilizar las rutas comerciales e incluso se llega a mencionar en las fuentes el intento de crear un canal que comunique el rio Nilo con el Mar Rojo, sin embargo, al parecer esto no significa de ninguna manera que existiera un control bien definido en cuanto a las funciones de los encargados de regular el comercio, mismas que sin duda alguna marcan un conocimiento amplio en sistemas productivos.
Para Heródoto no parece ser importante la actividad de los mercaderes ya que no hace menciones concretas de ésta esfera social, sin embargo, nos notifica en cuanto al uso de barcos de carga, con lo cual se puede suponer que se trasladaban bastantes mercancías de un punto a otro.

Las barcas de carga se fabrican allí de madera de acacia, cuyo aspecto es muy semejante al loto de Cirene […] Tienen muchas barcas de éstas, y algunas cargan muchos miles de talentos.[39]

Se hace claro e interesante notar, que la civilización egipcia, mantiene relaciones comerciales por medio del mar y por vía terrestre, y es sorprendente debido a que nos da un territorio con enorme extensión que los mercaderes conocían para comerciar.
De igual manera, el padre de la historia, nos señala la existencia de mercados y que estos no debían estar tan alejados de los lugares en donde se lleva a cabo el rito de Épafo.

Desuellan el cuerpo de la res y cargando de maldiciones la cabeza, se la llevan; donde hay mercado y mercaderes griegos establecidos, la llevan al mercado y la venden; allí donde no hay griegos, la arrojan al río.[40]

Es incuestionable que el autor conocía la manera de transportar mercancías y cómo funcionaban los mercaderes siendo esta la razón más probable, que decidiera omitir por obviedad, algo de lo que el común de la población estaba al tanto.

Los Intérpretes.

Ahora bien, al hablar de los intérpretes, Heródoto nos da muchos datos mediante los cuales se puede tener una idea clara de cómo subsiste esta clasificación; y es cuando relata cuestiones de Psamético que explica: “Confíoles, asimismo, ciertos niños egipcios para que les instruyeran en la lengua griega; de éstos, que aprendieron la lengua, descienden los intérpretes que hay ahora en Egipto.”[41] Se nos muestra claramente que desde pequeños se educan en los lenguajes vecinos, el motivo, se puede suponer en una creciente necesidad de comunicarse para diversos factores, tales como el comercio, la diplomacia e incluso intercambio cultural, es así que Lacarriere comenta al respecto: “[…] los que Heródoto debe de haber frecuentado sobre todo han de haber sido los egipcios «encargados» de acoger y acompañar a los extranjeros: guías, escribas, sacerdotes y burreros, manifiestamente, a juzgar por el carácter popular de numerosos relatos.”[42] Opinión, cabe aclarar, con la que se concuerda en este trabajo, debido a la manera de relatar del propio autor, la cual en algunas circunstancias, pareciera que le cuentan cosas fantasiosas o de ficción o simplemente muy difícil de de creer en sus relatos.
Es gracias a los mismos intérpretes que al parecer, Heródoto puede no solo obtener la información necesaria para su trabajo, sino conocer más las costumbres de las personas, adentrarse en la convivencia del día a día de este pueblo, encontrar similitudes en historias griegas e incluso obtener información de la vida cotidiana, como cuando se refiere a la manera de convivir de los egipcios con los animales.
Es bajo las consideraciones del presente texto que se puede entender que los intérpretes se deben en buena medida a la mezcla y contacto que ha tenido Egipto con tantos y tan diversos pueblos a lo largo de su historia y a la necesidad política de tener personas como traductores, ya que de otra manera hubiese sido imposible comunicarse con los súbditos y de igual forma poder dar a conocer las reglas, costumbres, leyes e inclusive el comercio para las cuestiones básicas como comprar alimento.
Es debido a que el carácter de este estrato social, que según Lacarriere, las historias de Heródoto se encuentran salpicadas de relatos con un marcado origen popular.

El Piloto.


En cuanto a la clase denominada como pilotos, encontramos que Heródoto escribe: κυβερνήτης, lo cual en español significa, piloto o timonel[43], en el sentido, creo yo, de la persona encargada de llevar el mando de la embarcación. Es éste sentido el que todos los traductores de Los nueve libros de la historia toman en consideración cuando se traduce al español el texto griego.
Es así que encontramos entre diversos autores al trabajo del piloto, ya que Heródoto solo lo menciona más no hace referencia a lo que se dedica o a la importancia en la sociedad egipcia, o cualquier otra sociedad; es probable que en su tiempo fuera tan común esto que él decidiera omitirlo.Se entiende que la sociedad egipcia a este tiempo que se nos relata, su actividad comercial más importante es el comercio, no son muy dados a hacer guerra y prácticas como la artesanía, pesca, agricultura, etc. No serían nada sin la compraventa, misma que se realiza por vía marítima primordialmente, es por ello que se cree muy importante la práctica del piloto, sin embargo no se cuenta con el testimonio del mismo autor para poder decir con certeza a qué se refería al denominarla como un estrato social, dejando de fuera a otros como los pescadores y los mismos agricultores.De acuerdo al tiempo en que Heródoto escribe, se consideraría también muy probable que dé importancia a los pilotos, por la tradición homérica y lo importante que fueron las naves en los relatos de Homero[44].Ya tomando en cuenta las llamadas clases que Heródoto menciona en su relato, se hace notar que a lo largo de su escrito, hace mención de otra clase social, la cual debe tenerse en cuenta como fundamental y una de las más importantes en cuanto a aportaciones de Egipto y es la clase de los médicos.Nuestro autor escribe: “Todo está lleno de médicos: unos son médicos de los ojos, otros de la cabeza, otros de los dientes, de las viseras del vientre, de las enfermedades ocultas.”[45] , por esta misma razón que el señala, que todo está lleno de médicos es que podríamos considerarla como una clase social no explícita en su separación pero si mencionada como una de las más especializadas en todo el territorio egipcio. Recordemos que al tiempo en que se escriben Los nueve libros de Heródoto, ya se conoce la medicina por Hipócrates, sin embargo, la innovación de Egipto consiste en la manera tan especializada que el autor señala, en torno a la formación médica, con lo cual pareciera que sus conocimientos fueron más allá de los comunes utilizados en aquella época. 

Conclusiones. 

Teniendo en cuenta la demarcación social que hace Heródoto es que podemos encontrar que los estratos mencionados, son comunes no solo en Egipto, sino en buena parte de las civilizaciones antiguas, es decir, se tienen ciertas clases separadas del resto del pueblo, como manera de especialidad en ciertas cuestiones como el culto, sin embargo, lo que la hace tan diferente a la Grecia que conoce nuestro autor, es quizás el carácter hereditario y la imposibilidad de cambiar de oficio.Mediante este trabajo se trata de demostrar que las clases que separa el autor efectivamente tuvieron lugar en el Egipto que dice haber visitado, sin embargo se considera que ha dejado por fuera muchas otras actividades con lo cual es imposible que solo sean estas las únicas esferas sociales en Egipto, sin embargo es bastante difícil encontrar con detenimiento descripciones de cada uno de los oficios de los que hoy en día tenemos conocimiento.Por último, se hace evidente que el tema se presta a reflexionar y a pasar bastante tiempo dedicado a la investigación de las clases sociales; siendo Egipto un tema bastante conocido hoy en día, es increíble que mantenga esa atracción que llama a investigar temas de este tipo. 



Bibliografía. 


·         Etienne Drioton y Jackes Vandier, Historia de Egipto, Argentina, EUDEBA, 1964.·         Heródoto, Historias, Intr., versión, notas y comentarios, Arturo Ramírez Trejo, México, UNAM, 2008.
·         Heródoto, Los nueve libros de la historia, Intr. Edmundo O’Gorman, México, Porrúa, Col. “Sepan Cuantos…” núm. 176, 3ª ed. 1981.
·         Heródoto, Los nueve libros de la historia, Trad. Ma. Rosa Lida de Malkiel, U.S.A., W.M. Jackson, Col. Los clásicos, 4ª ed., 1972.http://www.perseus.tufts.edu/hopper/morph1=kubernh%2Fths&la=greek&can=kubernh%2Fths0&prior=kubernhth/r#lexicon.·         Manetón, Historia de Egipto, Trad. César Vidal, Madrid, Alianza Editorial, 2003.
·         Jackes Lacarriere, De paseo con Heródoto, viajes a los extremos de la tierra, (Trad. Carlota Vallée), México, FCE, 1986.
·         Plutarco, “Sobre la malevolencia de Heródoto” en Obras morales y de costumbres (Moralia), Num IX, Trad., notas e introducción. Ramón Palerm y Jorge Bergua Cavero, Madrid, Gredos, 2002, en Historiografía de la Antigüedad Clásica (antología), Coord. Manuel Ordoñez Aguilar, México, UNAM-FES Acatlán, 2010.
·         Tucídides, Historia de la guerra del Peloponeso, Trad. Diego Gracián, Intr. Edmundo O’Gorman, México, Porrúa, Col. “Sepan Cuantos…” num. 290, 7ª  ed., 2010.
·         V.V.A.A., El hombre egipcio, España, Alianza Editorial, 1990.



[1] Heródoto, Historias, Intr., versión, notas y comentarios, Arturo Ramírez Trejo, México, UNAM, 2008, p. IX.
[2] Íbidem., p. X.
[3] Respecto a este punto, las fuentes son el estudio realizado por Edmundo O’Gorman en Heródoto, Los nueve libros de la historia, Intr. Edmundo O’Gorman, México, Porrúa, Col. “Sepan Cuantos…” núm. 176, 3ª ed. 1981, p.IX y Heródoto, Historias, Intr., versión, notas y comentarios, Arturo Ramírez Trejo, México, UNAM, 2008, p. X. Ambos estudios coinciden en este dato específico.
[4] Edmundo O’Gorman en Heródoto, Los nueve libros de la historia, Intr. Edmundo O’Gorman, México, Porrúa, Col. “Sepan Cuantos…” núm. 176, 3ª ed. 1981, p. X.
[5]Íbidem., p.XIII.
[6] Íbidem., p. X.
[7] Tucídides, Historia de la guerra del Peloponeso, Trad. Diego Gracián, Intr. Edmundo O’Gorman, México, Porrúa, Col. “Sepan Cuantos…” num. 290, 7ª  ed., 2010, p.12.
[8] Plutarco, “Sobre la malevolencia de Heródoto” en Obras morales y de costumbres (Moralia), Num IX, Trad., notas e introducción. Ramón Palerm y Jorge Bergua Cavero, Madrid, Gredos, 2002, en Historiografía de la Antigüedad Clásica (antología), Coord. Manuel Ordoñez Aguilar, México, UNAM-FES Acatlán, 2010, p. 877.
[9] Manetón, Historia de Egipto, Trad. César Vidal, Madrid, Alianza Editorial, 2003, p.97.
[10] O ‘Gorman., Op. Cit., p. XI.
[11] Loc. Cit.
[12] Ramírez, Op. Cit., p.XXXII-XXXVII.
[13] Íbidem., p.XXV.
[14] Heródoto, Los nueve libros de la historia, Trad. Ma. Rosa Lida de Malkiel, U.S.A., W.M. Jackson, Col. Los clásicos, 4ª ed., 1972, p. 93.
[15] Etienne Drioton y Jackes Vandier, Historia de Egipto, Argentina, EUDEBA, 1964, p.3.
[16] Íbidem., p.3-4.
[17] Lida de Malkiel, Op. Cit., p. 98.
[18] Loc. Cit., p. 99.
[19] Jackes Lacarriere, De paseo con Heródoto, viajes a los extremos de la tierra, (Trad. Carlota Vallée), México, FCE, 1986, p. 147.
[20] Lida de Malkiel, Op. Cit., p. 149.
[21] Íbidem., p.101.
[22]  En la traducción del libro de Lida de Malkiel, se utiliza la palabra vaca, con la cual no concuerdo por ser ésta un animal sagrado, sin embargo he tomado como referencia la traducción de Ramírez Trejo que designa esta palabra como buey, siendo a mi parecer más acertado.
[23] Respecto a los animales y su carácter religioso, dicen Drioton-Vander que: Los más célebres entre estos animales sagrados eran los toros de Apis, encarnación de Ptah en Menfis, Mnevis, la del sol de Heliópolis, y Bukhis, la de Montu en Hermontis; el carnero de Amón en Tebas, el de Khnum en Elefantina y el de Harsafes en Heracleópolis; el cabrón de Osiris en Busiris y en Mendes; el cocodrilo de Sebek en el Fayum; la gata de Bastis en Bubastis. Pero deberían mencionarse también los halcones de todos los templos de Horus, la vaca de los de Hator, el ibis o el cinocéfalo de los de Thot, el chacal de los de Anubis, el icneumón de los de Atum, la serpiente de los innumerables dioses y diosas. Entre los animales muy raramente divinizados se encuentran el león del Sol que se adoraba en Xois, el ganso de Amón en Tebas y el pez oxirinco, relicario viviente de una parte del cuerpo de Osiris, en Oxirinco. Etienne Drioton y Jackes Vandier, Historia de Egipto, Argentina, EUDEBA, 1964, p.64.
[24] Lida de Malkiel, Op. Cit., p. 101.
[25] Lacarriere., Op. Cit., p. 192.
[26] V.V.A.A., El hombre egipcio, España, Alianza Editorial, 1990, p.179.
[27] Lida de Malkiel, Op. Cit., p.150.
[28] V.V.A.A.,  Op. Cit., p. 179.
[29] Lida de Malkiel, Op. Cit., p.106.
[30] V.V.A.A, Op. Cit., p.180.
[31] Lida de Malkiel, Op. Cit., p. 102.
[32] Íbidem, p. 101.
[33] Loc. Cit.
[34] Íbidem, p.105.
[35] Lacarriere, Op. Cit., p.191.
[36] Loc. Cit.
[37] Lida de Malkiel, Op. Cit., p. 105.
[38] Drioton., Op. Cit., p.606
[39] Lida de Malkiel, Op. Cit., p.120.
[40] Íbidem, p.101
[41] Íbidem, p.145
[42] Lacarriere, Op. Cit., p. 148                         
[43] Para mayores referencias en cuanto a traducciones al español de textos griegos y como herramienta de trabajo para este texto, se recomienda visitar el sitio web http://www.perseus.tufts.edu/hopper/morph?l=kubernh%2Fths&la=greek&can=kubernh%2Fths0&prior=kubernhth/r#lexicon
[44] En el catálogo de las naves aqueas, Homero señala el nombre de algunos pilotos que a su vez eran la cabeza de la flota de la región a la que pertenecían.
[45] Lida de Malkiel, Op. Cit., p. 116.

viernes, 30 de marzo de 2012

La Carne y el cerebro.

Nota preliminar: El presente es un texto que transcribo tal cual, extraído de el fondo reservado de la hemeroteca nacional de México; y el cual me ha parecido muy interesante en tema concerniente a la locura, por si hay alguien por ahí que le gusten estos temas tanto como a mí.

   Ya han pasado 91 años desde que Bonald, el eminente filósofo francés, pronunció su célebre frase: “El hombre es una inteligencia traicionada por un organismo”. Qué lejos debió estar ese pensador de que algún atrevido “fin de siglo” no solo hallara inadecuada su observación, sino que la cambiara absolutamente, hallándola así más propia que en su primitivo estado!
Según éste, la verdadera frase que definiera el hombre, debía ser: “El hombre es un organismo traicionado por una inteligencia”.
Y en este tiempo de la historia y de las enfermedades mentales, la frase, en su segundo estado es, sin duda alguna, menos exagerada que en su significación primitiva.
Las enfermedades que arrasaron la época de Bonald, eran dolencias enteramente animales que afectaban puramente el ser orgánico, y quizás bajo la impresión de un pueblo exterminado por una peste, concibió el filósofo la frase que hemos citado, profundamente espiritualista y en donde se manifiesta hacia la carne el mismo sentimiento de abominación que ponía los cilicios y las disciplinas en manos de los penitentes medio evales.
¡Maldición a la carne! ¡gloria al espíritu! Gritaban aquellos fanáticos, sin comprender que ellos mismos eran víctimas de su espíritu, probablemente enfermo de anemia religiosa.
Hoy es muy distinto: los mismos artistas opinan que el desarrollo orgánico es favorable á la bondad de las funciones cerebrales. Los Goncourt creen que la hora más adecuada para la producción literaria, es la de después de comer “El estómago lleno -dicen esos autores- parece exhalar el pensamiento como esas plantas que sudan instantáneamente por sus hojas el agua con que se ha rociado la tierra sedienta”.
Por otra parte, Zola, el gran novelador francés, ha hecho de la gimnasia una verdadera odisea, y lamenta no tener un trapecio “para endurecer sus miembros y aclarar su inteligencia”.
Mens sana in corpore sano, esa Antigua inscripción de las generaciones romanas, percibida por la evidencia de aquella época, se dividió luego entrando en un período de catalepsia de que hasta hoy resucita.
En esta época, la peste es la neurosis. La historia hace más víctimas que el viajero del Ganges.
Ya nadie cree que el loco ha de ser aquella furia del manicomio, sujeto por la camisa de fuerza, echando espumarajos por los labios y con los ojos fuera de las órbitas. En el siniestro continente de la locura viven muchos seres que á primera vista gozan de todas sus facultades, pues las fronteras que limitan ese continente son vagas, indecisas, imposibles de precisar.
El loco es el alcohólico, el artista, el desequilibrado, el religioso. Los matices varían y hay una infinidad comprendida entre el gris blanco y el negro azul.
Hoy la inteligencia es el verdugo. El cerebro es despótico; es una autócrata que ha deprimido el organismo y ha ultrajado el fuero fisiológico, hollando las facultades animales, la verdadera democracia.
Todo es cerebral en nuestra vida. El amor, como dice Paul Bourget, ha sufrido una modificación espantosa. “Fue sublimado por Cristo, y hoy no es otra cosa que un duelo entre dos depravaciones”.
Goncourt dice: “Ya no sabemos de una manera bestial y simple ser dichosos con una mujer. Ella es para los hombres de esta época el nido y el altar de toda clase de sensaciones dolorosas, agudas, conmovedoras, delirantes. Ella y por ella queremos sacrificar lo desenfrenado é insaciable que yace en nosotros”.
Y en todo esto puede verse el siniestro papel que el cerebro juega, y en presencia de esa lucha entre la inteligencia y la animalidad, se nota desde luego quién es la vencida, quién es la ultrajada.
No hay mas que ver uno de estos catálogos de la locura en que están clasificados todos los tipos de la degeneración mental, los obcecados, los impulsivos, los excéntricos, los perseguidores, los místicos, los pervertidos, los sexuales, en que cada tipo es el comandante de cada legión innumerable de agregados, de neutros, que no tienen en el espíritu el equilibrio suficiente, pero que no distan mucho de tener como los demás el carácter indispensable para incorporarse y formar parte de esos ejércitos.
Quizás hay algo que agradecerle á esas enfermedades mentales, pues según Moreau (de Tours), las disposiciones que hacen que un hombre se distinga de los demás por la originalidad de sus pensamientos y de sus concepciones, por su excentricidad ó por la energía de sus facultades afectivas, ó por la trascendencia de sus facultades intelectuales, toman su origen en las mismas condiciones orgánicas que los diversos trastornos morales, de los cuales la locura y el idiotismo son la expresión más completa, observación que resume el  Nollum magnum ingenium sine dementia de Aristótees.
Sin embargo, el daño es innumerable y corto el beneficio. Tropnan tiene más secuaces que Víctor Hugo, y en México tenemos manicomios y cárceles sin que haya ninguna Sorbona.

Anónimo, "La carne y el cerebro" en La medicina científica en la fisiología y en la experimentación clínica, Director y editor: Dr. Fernando Malanco, México, Imprenta del gobierno federal, Tomo VII, entrega 5º, Marzo 1º de 1894, p.83-84.

sábado, 11 de febrero de 2012

BREVE HISTORIA DE LA LOCURA EN EUROPA EN EL SIGLO XIX, ANTECEDENTES, AVANCES Y TRATAMIENTO.



Por: Germán Camacho Jiménez.



Introducción.
     Es la locura un tema por demás interesante que para mí particularmente me intriga y me llama a investigar dichos asuntos, es por esto que el presente trabajo trata de mostrar un breve resumen de la historia de la locura, debido a que e l tema es enorme y requiere muchos años de estudio, solo puedo limitarme a presentar una historia monográfica teniendo como base la delimitación de la materia y temporalidad de la misma.
    Esperando cumplir los requisitos académicos necesarios, se muestra en dicho trabajo, los antecedentes de la locura en siglo XIX, la figura de Pinel y su importancia en torno al tema y por último una breve exposición de la manera de tratar a dichos enfermos mentales.

LOCURA EN EUROPA DEL SIGLO XIX.
     Desde el siglo XVI, y posiblemente desde siglos anteriores, ya se planteaba la idea de separar a los pobres, dementes, idiotas y mendigos; por mencionar a algunos, del resto de la sociedad común. Es bajo esta idea que se comienzan a elaborar de manera un tanto esporádica y por todo el mundo los llamados Asilos o Manicomios, lugares que servían ya sea para dar tratamiento o abastecer a las personas de los víveres más necesarios.
     Estos asilos con el paso de los años van adquiriendo nuevas características y nuevas funciones, su base filosófica:
[…] estuvo constituida por el llamado << tratamiento moral>>, especie de inclinación filantrópica de parte de algunos médicos que consideraron que el origen de la locura podía encontrarse en el desarreglo de las pasiones del alma, como se había observado en algunas formas de manía, lo que ameritaba un tratamiento consecuente al que calificaron de <<moral>> y que consistía en sujetar al loco a circunstancias que lo hicieran valorar el buen trato, el aislamiento y las distracciones en su recuperación afectiva y mental […][1]

     Siendo así la filosofía de los manicomios, lugares que ya están tomando, gracias a una serie de experimentos y muchísimos años de tratamiento hacia los enfermos mentales, una perspectiva de tratar al enfermo antes que curarlo, sin embargo; no se deja de lado la búsqueda de procedimientos para tratar de curar dichas enfermedades, es éste el rumbo que la historia de la psiquiatría, la psicología o la locura misma tomarán desde el siglo XVIII hasta finales del siglo XX.
    Recordemos que en la antigüedad la mayoría de los padecimientos se englobaban bajo el término de Melancolías, y a pesar de esto, por lo general solo representaba a los trastornos depresivos[2], sin embargo es en el siglo XIX que dicha perspectiva cambia completamente:
En este momento, en que los médicos acuden a atender la locura, en la que la figura central es el <<manicomio>>, donde se funden las representaciones de la enfermedad con el encierro y el castigo, Pinnel (1786), en medio de la Revolución Francesa, comenzó el tratamiento de insanos mediante la ocupación.[3]
    
     Y es que es la Revolución Francesa que trae los cambios, no solo en la política, sino también en la manera de actuar y de ver a la sociedad, ya no es solo una sociedad basada en clases sociales, sino es el triunfo de los muchos pobres, por sobre los pocos ricos o al menos eso es en apariencia. Ahora bien, esto da pié a que se resuelvan nuevas problemáticas sociales, tales como el tratamiento a los enfermos mentales y gente con padecimientos como los ahora conocidos síndromes.
La Revolución Francesa trajo cambios al desarrollo de la psiquiatría, ya que por ella se produjo un reencuentro de la sociedad con los locos, en calidad de ciudadanos en triste abandono a cargo de los hospitales y de las cárceles, en donde fueron descubiertos por las masas de revolucionarios que, abanderando el derecho a la libertad, los sacaron de su sujeción y les devolvieron la posibilidad de integrarse a sus filas a las que se incorporaron […][4]
    
     Con esto podemos darnos cuenta que la intención de liberar a los locos es con fines meramente políticos, como más tarde se haría la construcción de muchos hospitales, incluso aquí en México a principios del siglo XX con la construcción del Manicomio General de la Castañeda. Sin embargo, también se puede observar que los llamados locos no están incapacitados para tener actividades tales como luchar por una revolución, o mejor dicho, luchar por su libertad misma y su derecho a pertenecer a una sociedad que históricamente se ha dedicado a recluirlos fuera de ésta misma.
     Y es así que me preguntaría, ¿qué es lo que obliga a la sociedad a separarse de los enfermos con trastornos mentales que no son “furiosos” como se les denominaba en tiempos anteriores?, respecto a esto, podríamos encontrar un común denominador que Andrés Ríos nos muestra reflejados incluso en nuestra sociedad y en tiempos de pleno siglo XX:
[…] es rescatar argumentos y puntos de vista de quienes fueron estigmatizados segregados y violentados por ciertos sectores de la sociedad […] que, al considerarlos como una amenaza para la colectividad, recurrieron a la institución psiquiátrica como mecanismo de <<profilaxis social>>.[5]

      Sabemos que ya los frailes desde siglos anteriores se dedicaban al cuidado de los enfermos,  pobres y los peregrinos, pero no se sabe de un lugar en específico que se dedique solo al tratamiento de los enfermos mentales, sino hasta el siglo XVI con las creaciones de los hospitales.
Respecto a esto, tenemos que:
Los hospitales modernos tienen su antecedente en las fundaciones religiosas para la asistencia de los viajeros y peregrinos hechas en los primeros años del cristianismo que, a su vez, fueron una continuación de la costumbre y obligación desarrollada en el Cercano Oriente de dar alojamiento a los viajeros, particularmente entre los judíos, como parte de sus prácticas religiosas.[6]

     De acuerdo con esto, entendemos que con la creación de los hospitales se comienza a dar alojamiento a distintas personas dentro de un mismo lugar, mezclando viajeros con todo tipo de individuos, podríamos pensar que estos asilos más tarde daban albergue incluso a personas con discapacidad mental o bien a los llamados inocentes, para así llegar al punto en que la evolución natural de los lugares, desembocara en distintos lugares para alojar personas, teniendo ya orfanatos, hospitales para mendigos, hospitales para enfermos mentales, etc.
     Respecto a los tratamientos en los pacientes con enfermedades mentales en la antigüedad y a principios del siglo XIX, tenemos noticias interesantes.
Herencia de la tradición galénico-hipocrática, la sangría fue uno de los recursos terapéuticos más empleados en la Antigüedad. La sangría era una forma de depletar o purgar al enfermo de uno o varios de los cuatro humores que había producido en exceso alguna parte del cuerpo o que se habían atascado en los órganos[7].

     Es con esto, que sabemos que los métodos utilizados todavía para el siglo XIX en cuestión a las enfermedades mentales o cualquier otra enfermedad, sigue siendo un método traído por la tradición griega, es decir, no existe un cambio como tal en los tratamientos médicos todavía en la mayoría de los lugares que se tienen para los pacientes con enfermedades mentales, enfermedades tales que no respetan género, condición, raza o preferencia sexual; todos los seres humanos compartimos un mismo rasgo en común, el mismo rasgo al cual atacan dichas enfermedades y que nosotros llamamos cerebro. Son los casos más conocidos tal vez los de los estratos más altos en cuestión de locura, los que nos pueden aportar muchas noticias al respecto de los tratamientos a pacientes con las ya ahora separadas y estructuradas enfermedades mentales; pero a finales del siglo XVIII y principios del XIX, la mejor cura simplemente era la reclusión de la sociedad, y en particular en las esferas altas de la sociedad, la exclusión para que la misma nobleza o gente poderosa no se enterara de dichas enfermedades, como ejemplo podríamos poner un caso particular muy conocido en México y Europa. Es el Caso de Marie Charlotte Amélie Augustine Victoire Clémentine Léopoldine de Saxe-Coburg et Orléans Bourbon-Deux-Siciles et de Habsbourg-Lorraine, mejor conocida como Carlota de México. De quien mucho se ha hablado y que todas las fuente desembocan en su terrible padecimiento mental, incluso el autor Fernando Del Paso en su novela Noticias del Imperio[8], toma dicho trastorno como tema fundamental al hablar de Carlota.
     Es ya entrados a finales del siglo XVIII que aparece en Francia, en medio de la Revolución, la figura de Pinnel o Pinel como algunas fuentes lo citan, y con él cambia notablemente la concepción y da pié a los nuevos tratamientos en materia de enfermedades mentales.
En las historias de la psiquiatría o psicología clínica, como algunos prefieren llamarla, se considera, por lo general, que la aparición de las instituciones especializadas en el cuidado y tratamiento de las enfermedades mentales es relativamente reciente. Suele tomarse como punto de origen de los manicomios modernos la reorganización llevada a cabo por Pinel, durante la Revolución francesa, de las salas para dementes de los hospitales generales de París, Bicêtre y La Salpêtriere, que habían sido fundados en la época de Luis XIV. Se acepta, generalmente, que la innovación principal de Pinel consiste en haber establecido un régimen de vida para los internos inspirado por consideraciones médicas y haber mostrado que la persuasión y el mantener a los enfermos activos en alguna ocupación permitían un orden superior al que se obtenía mediante restricciones físicas tales como ligaduras, encierros y castigos corporales.[9]

     Queda demostrado que la figura de Pinel es la que cambia radicalmente la concepción en tema de locura, no solo en Francia, ya que dichos términos se comenzarían a utilizar paulatinamente en toda Europa, llegando incluso a América y creando así, por primera vez una serie de estudios y tratados con base a experimentación de los temas de enfermedades mentales.


Conclusiones.

     Teniendo en consideración la historia de la locura y de los tratamientos psiquiátricos a lo largo del tiempo, uno de los momentos más importantes, sin duda llega con la revolución francesa, dónde las consideraciones hacia el enfermo mental cambian drásticamente volviéndose más “humanitarias”, sin embargo dichos procesos cambian con el tiempo y desembocan en horrores indescriptibles y tratamientos totalmente antihumanos.
     Es así que la historia de la Psiquiatría y del tratamiento médico hacia los enfermos mentales se comienza a degenerar y surge una especie de historia negra en torno a los lugares para enfermos mentales, los ahora llamados manicomios; lugar donde se practican hasta principios del siglo XX tratamientos tan fuertes, tales como el electro-shock, la lobotomía, etc.
     Los procesos para tratar a los enfermos mentales siempre han sido cosa de extrema discusión, desde el tipo de cuidados que requiere un paciente con esta índole, hasta el mismo surgimiento de nuevas enfermedades mentales y ahora medicamentos para tratarlas y el bienestar de los pacientes.
     Dejaría yo mis dudas al respecto, esperando con el tiempo poder resolverlas y es que siendo hoy por hoy, la psiquiatría una ciencia ya avanzada y con especificaciones en cuanto a lo que puede o no puede resolver, me preguntaría ¿por qué? o cómo es posible que en tantos siglos que lleva estudiando a los enfermos mentales, aún no se posible detectar a tiempo las enfermedades mentales peligrosas; tanto que aún existen enfermos que no reciben el tratamiento adecuado, desembocando en suicidios o bien en asesinatos a gran escala.
     Por último me resta decir que la historia de la locura es un tema bastante complejo que necesita mucho tiempo, dedicación y especialización en torno a los temas psicológicos y psiquiátricos; me resta esperar a que con los años se pueda lograr dicho conocimiento y así responder de una manera más correcta a las necesidades que este tipo de historia requiere.

BIBLIOGRAFÍA.
Bernal Sagahon Miguel, El Saber Médico Acerca de los enfermos mentales en el hospital de San Hipólito de la ciudad de México, México, UNAM-FFYL, 2011.
Vallejo Ruiloba J., Cristóbal Gastó Ferrer, Trastornos Afectivos: Ansiedad y depresión, España, MASSON, 2ª ed., 2000.
García Cein Ema, Perspectiva histórica de Terapia Ocupacional en salud mental, Buenos Aires, DE, 29 de Octubre de 2011 a las 13:56, (http://www.psicoadic.org/ceinmenu.php).
Ríos Molina Andrés, Locos letrados frente a la psiquiatría Mexicana a inicios del siglo XX, México, COLMEX- FRENIA, Vol. IV-2-2004.
Ramos de Viesca Ma. Blanca, Andrés Aranda Cruzalta, Benjamín Dultzin, Carlos Viesca T., “La sangría como recurso terapéutico en las enfermedades mentales en el México del s. XIX” en Salud Mental., México, año/vol. 25, número 006, 2002.
Del Paso Fernando, Noticias del Imperio, México, Punto de Lectura, 12 reimp., 2010.
Viqueira Carmen, Los Hospitales para locos e <<inocentes>> en Hispanoamérica y sus antecedentes españoles en Revista de Medicina y ciencias afines, año XXII, núm. 270, México, 1965.

Notas: 


[1] Miguel Bernal Sagahon, El Saber Médico Acerca de los enfermos mentales en el hospital de San Hipólito de la ciudad de México, México, UNAM-FFYL, 2011, p.198
[2] “Kraepelin agrupa todos los síndromes depresivos en el apartado de la psicosis maníaco-depresiva (PMD), conservando en la quinta edición de su tratado (1896) el término melancolía involutiva para los trastornos depresivos […]”. J. Vallejo Ruiloba, Cristóbal Gastó Ferrer, Trastornos Afectivos: Ansiedad y depresión, España, MASSON, 2ª ed., 2000, p.193
[3] Ema García Cein, Perspectiva histórica de Terapia Ocupacional en salud mental, Buenos Aires, DE, 29 de Octubre de 2011 a las 13:56, (http://www.psicoadic.org/ceinmenu.php).
[4] Bernal, Op. Cit., p. 197
[5] Andrés Ríos Molina, Locos letrados frente a la psiquiatría Mexicana a inicios del siglo XX, México, COLMEX- FRENIA, Vol. IV-2-2004, p.18
[6] Bernal, Op. Cit., p.71
[7] Ma. Blanca Ramos de Viesca, Andrés Aranda Cruzalta, Benjamín Dultzin, Carlos Viesca T., “La sangría como recurso terapéutico en las enfermedades mentales en el México del s. XIX” en Salud Mental., México, año/vol. 25, número 006, 2002, p.53
[8] Fernando del Paso, Noticias del Imperio, México, Punto de Lectura, 12 reimp., 2010, p.p. 1047. Dicho autor toma como referencias cartas escritas por la emperatriz Carlota tras su partida de México en las cuales, luego de saber del fusilamiento de Maximiliano de Habsburgo (1867), sigue escribiéndole a este como si estuviera vivo e incluso hablando con él, todo esto es presentado en la novela como tema di fición que mostraría un estado de Esquzofrenia Paranoide. Término aludido por Eugen Beuler en 1908.
[9] Carmen Viqueira, Los Hospitales para locos e <<inocentes>> en Hispanoamérica y sus antecedentes españoles en Revista de Medicina y ciencias afines, año XXII, núm. 270, México, 1965, p.341