sábado, 11 de febrero de 2012

BREVE HISTORIA DE LA LOCURA EN EUROPA EN EL SIGLO XIX, ANTECEDENTES, AVANCES Y TRATAMIENTO.



Por: Germán Camacho Jiménez.



Introducción.
     Es la locura un tema por demás interesante que para mí particularmente me intriga y me llama a investigar dichos asuntos, es por esto que el presente trabajo trata de mostrar un breve resumen de la historia de la locura, debido a que e l tema es enorme y requiere muchos años de estudio, solo puedo limitarme a presentar una historia monográfica teniendo como base la delimitación de la materia y temporalidad de la misma.
    Esperando cumplir los requisitos académicos necesarios, se muestra en dicho trabajo, los antecedentes de la locura en siglo XIX, la figura de Pinel y su importancia en torno al tema y por último una breve exposición de la manera de tratar a dichos enfermos mentales.

LOCURA EN EUROPA DEL SIGLO XIX.
     Desde el siglo XVI, y posiblemente desde siglos anteriores, ya se planteaba la idea de separar a los pobres, dementes, idiotas y mendigos; por mencionar a algunos, del resto de la sociedad común. Es bajo esta idea que se comienzan a elaborar de manera un tanto esporádica y por todo el mundo los llamados Asilos o Manicomios, lugares que servían ya sea para dar tratamiento o abastecer a las personas de los víveres más necesarios.
     Estos asilos con el paso de los años van adquiriendo nuevas características y nuevas funciones, su base filosófica:
[…] estuvo constituida por el llamado << tratamiento moral>>, especie de inclinación filantrópica de parte de algunos médicos que consideraron que el origen de la locura podía encontrarse en el desarreglo de las pasiones del alma, como se había observado en algunas formas de manía, lo que ameritaba un tratamiento consecuente al que calificaron de <<moral>> y que consistía en sujetar al loco a circunstancias que lo hicieran valorar el buen trato, el aislamiento y las distracciones en su recuperación afectiva y mental […][1]

     Siendo así la filosofía de los manicomios, lugares que ya están tomando, gracias a una serie de experimentos y muchísimos años de tratamiento hacia los enfermos mentales, una perspectiva de tratar al enfermo antes que curarlo, sin embargo; no se deja de lado la búsqueda de procedimientos para tratar de curar dichas enfermedades, es éste el rumbo que la historia de la psiquiatría, la psicología o la locura misma tomarán desde el siglo XVIII hasta finales del siglo XX.
    Recordemos que en la antigüedad la mayoría de los padecimientos se englobaban bajo el término de Melancolías, y a pesar de esto, por lo general solo representaba a los trastornos depresivos[2], sin embargo es en el siglo XIX que dicha perspectiva cambia completamente:
En este momento, en que los médicos acuden a atender la locura, en la que la figura central es el <<manicomio>>, donde se funden las representaciones de la enfermedad con el encierro y el castigo, Pinnel (1786), en medio de la Revolución Francesa, comenzó el tratamiento de insanos mediante la ocupación.[3]
    
     Y es que es la Revolución Francesa que trae los cambios, no solo en la política, sino también en la manera de actuar y de ver a la sociedad, ya no es solo una sociedad basada en clases sociales, sino es el triunfo de los muchos pobres, por sobre los pocos ricos o al menos eso es en apariencia. Ahora bien, esto da pié a que se resuelvan nuevas problemáticas sociales, tales como el tratamiento a los enfermos mentales y gente con padecimientos como los ahora conocidos síndromes.
La Revolución Francesa trajo cambios al desarrollo de la psiquiatría, ya que por ella se produjo un reencuentro de la sociedad con los locos, en calidad de ciudadanos en triste abandono a cargo de los hospitales y de las cárceles, en donde fueron descubiertos por las masas de revolucionarios que, abanderando el derecho a la libertad, los sacaron de su sujeción y les devolvieron la posibilidad de integrarse a sus filas a las que se incorporaron […][4]
    
     Con esto podemos darnos cuenta que la intención de liberar a los locos es con fines meramente políticos, como más tarde se haría la construcción de muchos hospitales, incluso aquí en México a principios del siglo XX con la construcción del Manicomio General de la Castañeda. Sin embargo, también se puede observar que los llamados locos no están incapacitados para tener actividades tales como luchar por una revolución, o mejor dicho, luchar por su libertad misma y su derecho a pertenecer a una sociedad que históricamente se ha dedicado a recluirlos fuera de ésta misma.
     Y es así que me preguntaría, ¿qué es lo que obliga a la sociedad a separarse de los enfermos con trastornos mentales que no son “furiosos” como se les denominaba en tiempos anteriores?, respecto a esto, podríamos encontrar un común denominador que Andrés Ríos nos muestra reflejados incluso en nuestra sociedad y en tiempos de pleno siglo XX:
[…] es rescatar argumentos y puntos de vista de quienes fueron estigmatizados segregados y violentados por ciertos sectores de la sociedad […] que, al considerarlos como una amenaza para la colectividad, recurrieron a la institución psiquiátrica como mecanismo de <<profilaxis social>>.[5]

      Sabemos que ya los frailes desde siglos anteriores se dedicaban al cuidado de los enfermos,  pobres y los peregrinos, pero no se sabe de un lugar en específico que se dedique solo al tratamiento de los enfermos mentales, sino hasta el siglo XVI con las creaciones de los hospitales.
Respecto a esto, tenemos que:
Los hospitales modernos tienen su antecedente en las fundaciones religiosas para la asistencia de los viajeros y peregrinos hechas en los primeros años del cristianismo que, a su vez, fueron una continuación de la costumbre y obligación desarrollada en el Cercano Oriente de dar alojamiento a los viajeros, particularmente entre los judíos, como parte de sus prácticas religiosas.[6]

     De acuerdo con esto, entendemos que con la creación de los hospitales se comienza a dar alojamiento a distintas personas dentro de un mismo lugar, mezclando viajeros con todo tipo de individuos, podríamos pensar que estos asilos más tarde daban albergue incluso a personas con discapacidad mental o bien a los llamados inocentes, para así llegar al punto en que la evolución natural de los lugares, desembocara en distintos lugares para alojar personas, teniendo ya orfanatos, hospitales para mendigos, hospitales para enfermos mentales, etc.
     Respecto a los tratamientos en los pacientes con enfermedades mentales en la antigüedad y a principios del siglo XIX, tenemos noticias interesantes.
Herencia de la tradición galénico-hipocrática, la sangría fue uno de los recursos terapéuticos más empleados en la Antigüedad. La sangría era una forma de depletar o purgar al enfermo de uno o varios de los cuatro humores que había producido en exceso alguna parte del cuerpo o que se habían atascado en los órganos[7].

     Es con esto, que sabemos que los métodos utilizados todavía para el siglo XIX en cuestión a las enfermedades mentales o cualquier otra enfermedad, sigue siendo un método traído por la tradición griega, es decir, no existe un cambio como tal en los tratamientos médicos todavía en la mayoría de los lugares que se tienen para los pacientes con enfermedades mentales, enfermedades tales que no respetan género, condición, raza o preferencia sexual; todos los seres humanos compartimos un mismo rasgo en común, el mismo rasgo al cual atacan dichas enfermedades y que nosotros llamamos cerebro. Son los casos más conocidos tal vez los de los estratos más altos en cuestión de locura, los que nos pueden aportar muchas noticias al respecto de los tratamientos a pacientes con las ya ahora separadas y estructuradas enfermedades mentales; pero a finales del siglo XVIII y principios del XIX, la mejor cura simplemente era la reclusión de la sociedad, y en particular en las esferas altas de la sociedad, la exclusión para que la misma nobleza o gente poderosa no se enterara de dichas enfermedades, como ejemplo podríamos poner un caso particular muy conocido en México y Europa. Es el Caso de Marie Charlotte Amélie Augustine Victoire Clémentine Léopoldine de Saxe-Coburg et Orléans Bourbon-Deux-Siciles et de Habsbourg-Lorraine, mejor conocida como Carlota de México. De quien mucho se ha hablado y que todas las fuente desembocan en su terrible padecimiento mental, incluso el autor Fernando Del Paso en su novela Noticias del Imperio[8], toma dicho trastorno como tema fundamental al hablar de Carlota.
     Es ya entrados a finales del siglo XVIII que aparece en Francia, en medio de la Revolución, la figura de Pinnel o Pinel como algunas fuentes lo citan, y con él cambia notablemente la concepción y da pié a los nuevos tratamientos en materia de enfermedades mentales.
En las historias de la psiquiatría o psicología clínica, como algunos prefieren llamarla, se considera, por lo general, que la aparición de las instituciones especializadas en el cuidado y tratamiento de las enfermedades mentales es relativamente reciente. Suele tomarse como punto de origen de los manicomios modernos la reorganización llevada a cabo por Pinel, durante la Revolución francesa, de las salas para dementes de los hospitales generales de París, Bicêtre y La Salpêtriere, que habían sido fundados en la época de Luis XIV. Se acepta, generalmente, que la innovación principal de Pinel consiste en haber establecido un régimen de vida para los internos inspirado por consideraciones médicas y haber mostrado que la persuasión y el mantener a los enfermos activos en alguna ocupación permitían un orden superior al que se obtenía mediante restricciones físicas tales como ligaduras, encierros y castigos corporales.[9]

     Queda demostrado que la figura de Pinel es la que cambia radicalmente la concepción en tema de locura, no solo en Francia, ya que dichos términos se comenzarían a utilizar paulatinamente en toda Europa, llegando incluso a América y creando así, por primera vez una serie de estudios y tratados con base a experimentación de los temas de enfermedades mentales.


Conclusiones.

     Teniendo en consideración la historia de la locura y de los tratamientos psiquiátricos a lo largo del tiempo, uno de los momentos más importantes, sin duda llega con la revolución francesa, dónde las consideraciones hacia el enfermo mental cambian drásticamente volviéndose más “humanitarias”, sin embargo dichos procesos cambian con el tiempo y desembocan en horrores indescriptibles y tratamientos totalmente antihumanos.
     Es así que la historia de la Psiquiatría y del tratamiento médico hacia los enfermos mentales se comienza a degenerar y surge una especie de historia negra en torno a los lugares para enfermos mentales, los ahora llamados manicomios; lugar donde se practican hasta principios del siglo XX tratamientos tan fuertes, tales como el electro-shock, la lobotomía, etc.
     Los procesos para tratar a los enfermos mentales siempre han sido cosa de extrema discusión, desde el tipo de cuidados que requiere un paciente con esta índole, hasta el mismo surgimiento de nuevas enfermedades mentales y ahora medicamentos para tratarlas y el bienestar de los pacientes.
     Dejaría yo mis dudas al respecto, esperando con el tiempo poder resolverlas y es que siendo hoy por hoy, la psiquiatría una ciencia ya avanzada y con especificaciones en cuanto a lo que puede o no puede resolver, me preguntaría ¿por qué? o cómo es posible que en tantos siglos que lleva estudiando a los enfermos mentales, aún no se posible detectar a tiempo las enfermedades mentales peligrosas; tanto que aún existen enfermos que no reciben el tratamiento adecuado, desembocando en suicidios o bien en asesinatos a gran escala.
     Por último me resta decir que la historia de la locura es un tema bastante complejo que necesita mucho tiempo, dedicación y especialización en torno a los temas psicológicos y psiquiátricos; me resta esperar a que con los años se pueda lograr dicho conocimiento y así responder de una manera más correcta a las necesidades que este tipo de historia requiere.

BIBLIOGRAFÍA.
Bernal Sagahon Miguel, El Saber Médico Acerca de los enfermos mentales en el hospital de San Hipólito de la ciudad de México, México, UNAM-FFYL, 2011.
Vallejo Ruiloba J., Cristóbal Gastó Ferrer, Trastornos Afectivos: Ansiedad y depresión, España, MASSON, 2ª ed., 2000.
García Cein Ema, Perspectiva histórica de Terapia Ocupacional en salud mental, Buenos Aires, DE, 29 de Octubre de 2011 a las 13:56, (http://www.psicoadic.org/ceinmenu.php).
Ríos Molina Andrés, Locos letrados frente a la psiquiatría Mexicana a inicios del siglo XX, México, COLMEX- FRENIA, Vol. IV-2-2004.
Ramos de Viesca Ma. Blanca, Andrés Aranda Cruzalta, Benjamín Dultzin, Carlos Viesca T., “La sangría como recurso terapéutico en las enfermedades mentales en el México del s. XIX” en Salud Mental., México, año/vol. 25, número 006, 2002.
Del Paso Fernando, Noticias del Imperio, México, Punto de Lectura, 12 reimp., 2010.
Viqueira Carmen, Los Hospitales para locos e <<inocentes>> en Hispanoamérica y sus antecedentes españoles en Revista de Medicina y ciencias afines, año XXII, núm. 270, México, 1965.

Notas: 


[1] Miguel Bernal Sagahon, El Saber Médico Acerca de los enfermos mentales en el hospital de San Hipólito de la ciudad de México, México, UNAM-FFYL, 2011, p.198
[2] “Kraepelin agrupa todos los síndromes depresivos en el apartado de la psicosis maníaco-depresiva (PMD), conservando en la quinta edición de su tratado (1896) el término melancolía involutiva para los trastornos depresivos […]”. J. Vallejo Ruiloba, Cristóbal Gastó Ferrer, Trastornos Afectivos: Ansiedad y depresión, España, MASSON, 2ª ed., 2000, p.193
[3] Ema García Cein, Perspectiva histórica de Terapia Ocupacional en salud mental, Buenos Aires, DE, 29 de Octubre de 2011 a las 13:56, (http://www.psicoadic.org/ceinmenu.php).
[4] Bernal, Op. Cit., p. 197
[5] Andrés Ríos Molina, Locos letrados frente a la psiquiatría Mexicana a inicios del siglo XX, México, COLMEX- FRENIA, Vol. IV-2-2004, p.18
[6] Bernal, Op. Cit., p.71
[7] Ma. Blanca Ramos de Viesca, Andrés Aranda Cruzalta, Benjamín Dultzin, Carlos Viesca T., “La sangría como recurso terapéutico en las enfermedades mentales en el México del s. XIX” en Salud Mental., México, año/vol. 25, número 006, 2002, p.53
[8] Fernando del Paso, Noticias del Imperio, México, Punto de Lectura, 12 reimp., 2010, p.p. 1047. Dicho autor toma como referencias cartas escritas por la emperatriz Carlota tras su partida de México en las cuales, luego de saber del fusilamiento de Maximiliano de Habsburgo (1867), sigue escribiéndole a este como si estuviera vivo e incluso hablando con él, todo esto es presentado en la novela como tema di fición que mostraría un estado de Esquzofrenia Paranoide. Término aludido por Eugen Beuler en 1908.
[9] Carmen Viqueira, Los Hospitales para locos e <<inocentes>> en Hispanoamérica y sus antecedentes españoles en Revista de Medicina y ciencias afines, año XXII, núm. 270, México, 1965, p.341

miércoles, 1 de junio de 2011

Del Hospital de San Hipólito y la Concepción de Locura.

Del Hospital de San Hipólito y la Concepción de Locura.
Por: Germán Camacho J.
Antecedentes.

A lo largo de la historia del ser humano se han suscitado episodios relacionados con las afecciones mentales; indagar sobre el impacto que tuvo en las distintas sociedades la aparición de este fenómeno, así como, su paulatina asimilación en el núcleo del pensamiento médico resulta el principal objetivo del presente trabajo.

Partamos de la relativamente antigua concepción de lo que hoy en día se conoce como locura. En el primitivo pensamiento de ciertas sociedades, ligadas todavía a un patrón estrictamente religioso, la locura, era llamada “melancolía”. Lejos de referir verdaderamente a un padecimiento cerebral, la “melancolía” estaba encaminada a explicar varias etapas depresivas comunes en el individuo. Por otro lado, si esos supuestos lapsos de depresión derivaban en actitudes violentas acompañadas de manoteos, espasmos o desmayos, tal cual sucede en un enfermo epiléptico; entonces, eran vistos como poseídos por algún espíritu maligno o el propio demonio: “[...] en el siglo XV en España por la colonización árabe, la concepción de las enfermedades mentales cambia. Surgen ideas religiosas que impulsan a la caridad humana y a la salvación de las almas [...]”1

Gracias a la intervención de los árabes muchos manuscritos fueron rescatados, en ellos, importante información sobre distintos tipos de enfermedades comenzó a difundirse, provocando así, una valoración mucho más apegada al entorno científico. Asimismo, en el ámbito religioso, el sentimiento de caridad abrazó tanto a las personas en extrema pobreza como aquellas identificadas con cualquier tipo de enfermedad. En otras palabras:

Su virtud crecía al correr el tiempo y su amor al prójimo se volvía insaciable. Hería especialmente su corazón la situación en que se encontraban los viejos, los locos y convalecientes pobres, personas todas que no podían valerse por sí mismas. No había un asilo de ancianos, y los que lo eran tenían que vivir de la limosna. La situación de los locos era aún más dolorosa: los pacíficos deambulaban por las calles, siendo objeto de la humillante compasión, o bien de la burla y la maldad de la gente, y los furiosos eran recluidos en las cárceles públicas y sufrían, sin merecerlo, el castigo de los criminales. Los convalecientes, incapacitados aún para ejercer un trabajo, eran víctimas de la miseria y no pocas veces recaían en sus males, nulificándose la obra hospitalaria.2

De tal modo surge para “los locos” un refugio con cuidados y atención adecuada. Estos lugares adquirieron el aspecto de centros destinados a la protección de personas desvalidas, pobres, huérfanos, desamparados, ancianos, enfermos y peregrinos, quienes fueron recibidos ahí debido al precepto inicial de hospitalidad, el cual, tiempo después, originará la noción de hospital.

En España tal labor obtuvo un gran éxito y aunado al trabajo de las órdenes mendicantes logró esparcirse por casi todo el mundo conocido. La creación de dichos lugares, generalmente situados a un costado de las capillas, pues eran los propios religiosos, específicamente aquellos incluidos en el clero regular, los que atendían tanto a las personas necesitadas como a las enfermas; poseían los conocimientos médicos y prestaban los cuidados adecuados. Mientras que, en las altas esferas de la sociedad, los boticarios y doctores ejercían esta tarea a cambio de ser bien remunerados: “[...]resulta importante mostrar que durante la Colonia y desde el mismo descubrimiento de América, los locos en España eran considerados enfermos, y que existían instituciones especializadas para su reclusión y cuidado, cuyo régimen interno estaba regido por disposiciones médicas.”3

Mediante esto podemos notar que ya existía la concepción de un loco como enfermo y que ya se trataba de mantener ciertos cuidados para su bienestar y el mejoramiento de su calidad de vida.

Detengámonos un poco en el desarrollo de este nuevo tipo de centro caritativo. De esto, nos cuenta Josefina Muriel al señalar que:

La guerra, el hambre, las enfermedades, la pobreza y el desamparo en las peregrinaciones, fueron elementos que se combinaron a través de la Edad Media y presionaron de manera constante y dolorosa el espíritu cristiano de Europa. Como respuesta a tanto dolor se realizó una labor de amplitud gigantesca. La obra hospitalaria preocupó a toda clase de personas, a la Iglesia de una manera oficial a través de su jerarquía y las órdenes monásticas; a los reyes, a los gobernadores de las provincias, a los representantes de los municipios o de los burgos, y a los particulares de todas las clases sociales, de tal modo que bien podríamos llamarla, obra de la cristiandad entera.”4

Si recordamos un poco la historia en el Medioevo, una de las principales órdenes militares de la cristiandad fue la de los Hospitalarios, la cual se dedicaba, entre otras cosas, a ayudar, curar y proteger a todos aquellos visitantes de los antiguos lugares sagrados.

Es ya desde ésta remota época que los lugares para hospedar enfermos, viajeros, militares, frailes, etcétera, comenzaba a tomar forma, dando como resultado hospicios de diversa índole.

Durante el siglo XVI se surgen, como hemos señalado, estos sitios destinados al auxilio de la sociedad; se consolida la propuesta de tener lugares especializados para los enfermos, en particular para aquellos que sufren de sus capacidades mentales, ya que éstos se encontraban en muchos casos deambulando por las calles, alejados y abandonados por sus familias.

Contexto.

Muy pronto, la sociedad novohispana se plagó de órdenes religiosas, quienes apegadas a sus votos y preceptos, requerían llevar a la práctica actos humanitarios y desinteresados entre las personas que conformaban su comunidad.

Dichas órdenes solían tener el respaldo de las autoridades, según hemos apuntado; el respaldo les era concedido por dos principales razones: la primera, gracias a las enfermedades contagiosas tales como la lepra o la peste se aprendió la lección de mantener bajo rigurosos cuidados a los enfermos. La segunda razón se encuentra en la lucha política y esto debido a que una nación fuerte (o en este caso un reino sólido) requería que su sociedad fuera tan sólida como la misma figura del Rey, ya que ésta es un reflejo del Monarca y, para que tal sociedad pudiese tener firmeza, se requería de los mayores cuidados posibles así como las edificaciones comunitarias para aquellos cuidados y mejor control de los siervos.

Debemos tener presente que para los enfermos mentales no existían, como tal, lugares tan especializados en los siglos XVI y XVII. No es sino hasta el siglo XVIII que se les presta mucha mayor atención a estos padecimientos creando así espacios con cierto grado de especialidad para el tratamiento de estos males:

Como era inevitable, el progreso de la medicina en general llevó al manejo médico de la enfermedad mental a progresar, convirtiéndose en una disciplina médica y dejando atrás sus antecedentes filosóficos y religiosos. De hecho fueron los progresos de la medicina en el conocimiento de la esencia de la enfermedad y de sus causas, pero también en los de la salud, los que determinaron que, a la zaga, pero en relación íntima, se llegara a conocer lo que se sabe, de la enfermedad mental, de sus causas, de su tratamiento y de su prevención. Todo ello fue resultado de que los médicos abordaran los problemas de la enfermedad mental y buscaran sus orígenes, conocieran el cerebro y sus funciones y estuvieran en posibilidad de investigarlo en la salud y en la enfermedad, lo que se ha llevado un largo plazo que todavía no se satisface en muchos aspectos, pero que promete
resultados que permitan, como en otras disciplinas médicas, suficiente claridad conceptual y práctica para estar en condiciones de entender la enfermedad mental y su manejo.5

Pareciera fácil decir que el avance de la medicina es un proceso inevitable de la evolución y la curiosidad del ser humano; sin embargo, recordemos que para la época en que el mundo vive inmerso bajo las leyes de la iglesia católica resulta un crimen gravísimo el tratar de indagar acerca del cuerpo humano pues es Dios y sólo él, quien puede tener el conocimiento del cuerpo, así como de todo lo demás.

Es debido a esta limitante de dios, que la medicina se frenaba al tratar de experimentar, ya que únicamente podían actuar como buenos cristianos y dar un tratamiento mediante el cual, con la ayuda de dios, se curase el enfermo.6

Gracias a las ideas renacentistas y la recuperación de los textos clásicos, así como a la curiosidad de algunos, que las ciencias comienzan a avanzar y el conocimiento del cuerpo humano deja de ser una cosa sagrada para convertirse en el modelo de muchas obras artísticas e incluso de tratados completos con relación a este tema.7 De tal manera la observación y el estudio de las enfermedades adquieren poco a poco un nuevo sentido y significado: ya no se espera que Dios haga su voluntad, sino que el hombre actúe para ayudar al hombre.

Durante la segunda mitad del siglo XVI, mientras Francia se encuentra inmersa en las guerras de religión, debido a los enfrentamientos entre protestantes calvinistas y católicos; Felipe II, Rey de España envía a los países bajos al duque de Alba, encabezando un ejército para así tomar control de este territorio8.

En la Nueva España se trata de llevar a cabo un gran proyecto hospitalario; “El Hospital de San Hipólito”, obra llevada a cabo por Fray Bernardino Álvarez, del cual hablaremos a continuación.

Fray Bernardino Álvarez.

Bernardino de Álvarez, nacido en España, fue hijo de Luis Álvarez y Ana de Herrera ambos cristianos viejos y de noble linaje. De su vida se cuenta que participó como soldado y que incluso estuvo presente en la guerra contra los Chichimecas al norte del territorio. Fue capitán de una pandilla y se le involucró en una riña que terminó, incluso en homicidio, por lo cual tuvo que rendir cuentas ante la justicia. Debido a este desafortunado incidente se trasladó a Acapulco para poder escapar y navegar hacia el territorio del Perú.

Así, treinta años más tarde, se convirtió en poseedor de una gran fortuna. De vuelta a la Nueva España, pretendió vivir como un gran señor; su madre, mujer devota y de una fe inconmensurable vestía para este entonces los hábitos de beata y es ella quien lo exhorta a emplear su fortuna al servicio de Dios y del rey.9

Con este objetivo se inicia la aventura de Bernardino de Álvarez, quien sin dejar a un lado las tradiciones católicas de la época y con el apoyo e influencia de la carta enviada por su madre, donde le recordaba las verdades que él como cristiano ya conocía; muy pronto, el rumbo de su vida cambia.

Es así que nace su interés por ayudar al prójimo y ofrece servir a los enfermos en el Hospital de la Limpia Concepción, donde durante diez años se dedica a atender a los enfermos.

Con el tiempo es que decide fundar una institución que diese amparo a todos: a los ancianos, a los limosneros, a los pobres, y especialmente a los locos.

Es de esta manera se levanta, luego de un primer intento, en el tereno adyacente a San Hipólito, el Hospital.

El entusiasmo de Bernerdino de Álvarez, era secundado por Virreyes, Arzobispos, el Ayuntamiento, los Clérigos, el pueblo mismo e incluso los Papas y el Rey.10

Al lugar llegaron los locos, se recibieron los llamados <<inocentes>> o atrasados mentales, sacerdotes decrépitos y ancianos en general, y como en su caridad no podía aceptar limitaciones, Bernardino amplió su obra, recibiendo enfermos de todos los padecimientos, menos leprosos y antoninos. Abrió sus brazos a estudiantes, así como a los maestros pobres, a los que alimentaba y daba trabajo ya que ellos se encontraban en calidad de necesitados.

Aún cuando Bernardino no planeara inicialmente fundar una orden religiosa, la vida de hermandad que llevaba con sus asistentes, le dieron tal idea y así comenzó a crear reglas e incluso pidió la aprobación al Papa Gregorio XIII. Mismo Papa que en esos momentos, estaba peleando contra el protestantismo que aparece en Inglaterra bajo una nueva forma, una nueva religión llamada anglicanismo, para así buscar la expulsión del Catolicismo y con ello el poder Papal en ésos territorios11

El pontífice dió la autorización, pero las bulas no llegaron a despacharse por la muerte del Papa. Se volvió a insistir con su sucesor y se consiguió la aprobación pedida. Es desde instante que la hermandad acude a distintos pontífices para obtener de ellos la ratificación de las aprobaciones y una serie de privilegios de carácter religioso, entre estos se encuentra el Papa Clemente IX quien les concedió los privilegios de que gozaban los juaninos.12

No fue hasta 1700 que Inocencio XII erigió esta hermandad en religión formal y regular, colocándola debajo de la regla de San Agustín y con votos solemnes de castidad, pobreza, obediencia y hospitalidad.

La regla a a la que se sometió la Congregación desde desde sus principios estaba en el ejercicio y práctica tanto del amor a Dios, asi como al prójimo13.

La ahora conocida como órden de los “Hipólitos”, dividió su regla en dos partes:
La primera se refería a la vida interior de los hermanos y en ella se ponía como bases: la obediencia, sin la cual una obra en común no podría realizarse; la pobreza, como medio para evitar la corrupción monástica y como camino para mantener la hermandad, unida en caridad y paz. Finalmente, se prescribía la práctica de una serie de actos y oraciones para mantener vivo el espíritu religioso, sin el cual la obra perdía su sentido.
La segunda parte se refería a la vida exterior de los hermanos, y en ella la parte medular era el voto de hospitalidad14

Como podemos observar, la obra de Bernardino de Álvarez es un pilar para la Nueva España, debido a que es su caridad y la manera de atender a los enfermos, desvalidos e incluso a los pobres que les valió ya para el siglo XVIII el convertirse en la primera órden religiosa mexicana.

Hospital de San Hipólito.

Ahora bien, ya hemos abordado un poco la vida de Bernardino de Álvarez el fundador del Hospital de San Hipólito, e incluso de la órden de los hermanos de la caridad, como ellos mísmos se hacían llamar; pero tratemos de abordar ahora la obra mísma del Hospital de San Hipólito, el cual es el tema principal de éste trabajo.

Dé esta construcción, sabemos que los cimientos se pusieron desde 1602 y que el edificio se concluyó ciento treinta y ocho años después15

En cuanto a la estructura del edificio, la Doctora Muriel, nos hace una muy atinada descripción:
Las enfemerías y oficinas se hallaban distribuidas alrededor de patios o jardines con fuentes. Lo más importante de este edificio fue su funcionalidad, pues fue planeado para servir exclusivamente a enfermos mentales, y esto exigió cambios estructurales que antes no se habían tenido en cuenta en la arquitectura hospitalaria, como lo fueron entre otras cosas la sustitución de enfermerías por cubículos o cuartos privados.
La fachada constaba de una serie de accesorias que el consulado había fabricado para que, rentadas, fuesen un medio de ingresos para el hospital. En esta parte la construcción era de un solo piso16

Respecto a este último punto, es posible incluso hoy en dia, observar que las accesorias todavía tienen esta función; si bien ya no existe el Hospital como tal, el edificio se encuentra en pié y las accesorias son rentadas aún.

Lo que llama la atención del edificio, aparte del hecho de ser pensado para los enfermos mentales, lo cual es muy novedoso para la época y lo convierte en el primer manicomio en forma en la Nueva España; es que se convierte en una de las construcciones en donde para su elaboración, aportan ingresos no solo el consulado, sino los frailes mismos, pagando éstos las habitaciones sobre las accesorias.

Incluso el mismo Felipe II, rey de España mandó ingresos para la red de manicomios que hasta ese momento se estaban creando, dándo vital importancia a este tipo de Hospitales que pronto adquirieron su especialidad en el tratamiento de los enfermos mentales.

Respecto al Tema, Miguel Bernal nos comenta que la Orden de la Caridad del Mártir San Hipolito, había tomado bajo su responsabilidad la atención de los enfermos recluidos en el Hospital del Espíritu Santo en donde se daba auxilio a los “pobres vergonzantes” tanto españoles como indígenas y tal vez en S. Hipólito los indios enfermos estaría en un ambiente más apropiado17

Conclusiones.

Es preciso entender la importancia que representó el Hospital de San Hipólito en la sociedad no solo Novohispana sino también en los alrededores donde por fín se pudo dar asilo a una cantidad mayor de enfermos, viejos e incluso de personas en calidad de pobreza extrema.

Bernardino de Álvarez a quien se le debe el tomar la iniciativa de este proyecto, parece que entendía muy bien las necesidades médicas para éste tipo de personas, o bien, la necesidad social de tener una construcción de éste tipo en Nueva España, ya sea por la vida tan agitada que él mismo llevó, o bien por obra de la persuación de su madre, lo cierto es que la obra como tal repercutió durante tres siglos en la sociedad.

Recordemos pues, que es gracias a éste antecedente de San Hipólito, que durante el siglo XIX se lleva a cabo la construcción de otro pilar en la sociedad mexicana, me refiero al Hospital de La Castañeda, en dónde se imitó ésta labor social e incluso se trató de llegar más allá de un simple asilo o de un manicomio.

Por último, quisiera agregar que es debido a la falta de fuentes encontradas aún en torno al hospital manicomio de san Hipólito, que no podemos llegar más allá de una simple descripción o bien de una idea vaga en torno a cómo se trataba a éstos enfermos mentales, ya que no hay datos que nos muestren una idea clara o desripción respecto al tema.


Hospital de San Hipólito en 1925; Foto tomada del Archivo Casasola (DE: http://www.urbanfreak.net/showthread.php?t=7352&page=75)

Bibliografía.
1.- Bernal Sagahon Miguel, El saber médico acerca de los enfermos mentales en el hospital de San Hipólito de la Ciudad de México, México, UNAM, 2011, p.138
André Corvisier, Historia Moderna, Trad. Fabián García Prieto, España, Labor Universitaria, 4ta Edición, 2a reimpresión, 1991, p.p. 387.

2.- Corvisier André, Historia Moderna, Trad. Fabián García Prieto, España, Labor Universitaria, 4ta Edición, 2a reimpresión, 1991, p.p.448.

3.-Muriel Josefina, Hospitales de la Nueva España, México, UNAM-Cruz Roja Mexicana, Tomo I, 1990, p.p. 358.

4.-Nájera Tovar Laura Míriam, La Salud Mental en México: Su desarrollo en el IMSS y la labor del psicólogo, México, UNAM, 2006, p.p. 320

5.-Viqueira Carmen, “Los hospitales para locos e <<inocentes>> en Hispanoamérica y sus antecedentes españoles” en Revista de Medicina y Ciencias Afines, México, s.E., s.vol., año XXII, núm. 270, p. 1-33, 1995 (DE: [viernes ocho de Abril del 2011 a las 12:30 a.m.] http://revistas.ucm.es/ghi/05566533/articulos/REAA7070110341A.PDF), p.p 383
NOTAS:

1 Laura Miriam Nájera Tovar, La Salud Mental en México: Su desarrollo en el IMSS y la labor del psicólogo, México, UNAM, 2006, p. 20.
2 Josefina Muriel, Hospitales de la Nueva España, México, UNAM-Cruz Roja Mexicana, Tomo I, 1990, p. 202.
3 Carmen Viqueira, “Los hospitales para locos e <<inocentes>> en Hispanoamérica y sus antecedentes españoles” en Revista de Medicina y Ciencias Afines, México, s.E., s.vol., año XXII, núm. 270, p. 1-33, 1995 (DE: [viernes ocho de Abril del 2011 a las 12:30 a.m.] http://revistas.ucm.es/ghi/05566533/articulos/REAA7070110341A.PDF), p. 345
4Muriel, Op. Cit., p.17
5Miguel Bernal Sagahon, El saber médico acerca de los enfermos mentales en el hospital de San Hipólito de la Ciudad de México, México, UNAM, 2011, p.138
6Íbidem, p. 140
7 Un claro ejemplo, lo encontramos en el hombre de Vitruvio de Leonardo da Vinci, realizado en uno de sus diarios al rededor del año de 1487 y en dónde trata de hacer un estudio de las proprciones del cuerpo humano.
8André Corvisier, Historia Moderna, Trad. Fabián García Prieto, España, Labor Universitaria, 4ta Edición, 2a reimpresión, 1991, p.148
9Muriel, Op. Cit., p.201
10Ìbidem, p. 202-203
11Corvisier, Op.Cit., p.159
12Muriel, Op. Cit., p. 203
13Ìbidem. p. 204
14Loc. Cit.
15Ìbidem., p.206
16Loc.Cit.
17Bernal, Op.Cit., p.181

sábado, 23 de abril de 2011

DE DIOSES, SANTOS Y SUPERHÉROES.


 Siempre se nos ha vendido la idea de que el ser humano por naturaleza tiene la necesidad de creer en algo; en un principio se tenían a los Dioses: El poderoso ZEUS (a quien le debemos la palabra "DIOS", por cierto), que con su rayo invencible lograba derrotar a cuanto enemigo tuviese en frente; esto claro sin mencionar que no había chico o chica que se escapara de su apetito sexual; también tenemos al Sr. HORUS de egipto, quien más que ser el representante de todas las fuerzas del bien, parecía el "Big Brother" que Orwell siempre soñó y por la parte nórdica el Sr. THOR, quien representaba toda la fuerza viril en su máximo esplendor, el macho por excelencia. Éstos dioses y muchos más fueron alguna vez, los todo poderosos que siempre salvában a la humanidad cuando esta lo requería, o bien, les daban un castiguito si se lo merecían.
 Pasó el tiempo, muchas guerras, millones de hombres muertos y entre tantos humanos vivos, apareció un señor, Judío por cierto, que cambió la manera de pensar de los hombres y a su vez terminó convirtiéndose en una especie de Dios, hablo del señor Jesús "el cristo" de la región de Nazaret.
 Al susodicho señor, lo mataron de una manera bastante común para la época y por cuestiones comunes: atentar contra la mismísima Roma (según ellos), el problema no consistió en sus enseñanzas ni prédicas, sino más bien en sus "Fans" que con el tiempo decidieron destruir a todos los que no creyeran en él; es así que de manera eventual el ya catolicismo (antes solo era cristianismo y se separaron y esa es otra historia) no aceptaba, ni acepta a otros dioses más que al suyo que luego se divide en tres, pero sigue siendo uno y así...
 Al desechar a otros dioses y para poder adoptar a más gente, el catolicismo creó a "Los Santos", que son aquellas personas que a lo largo de su vida logran acercarse a dios y por ser muy buenos seres humanos dios les concedió (en algunos casos) dones sobrenaturales; teniendo esto en cuenta encontramos a: SAN MARTÍN DE PORRES, quien podía levitar e incluso hablar con los animales, SAN PATRICIO, aquél señor Irlandés de quien se dice liberó a toda la isla de serpientes con solo el poder de un bastón y SAN TEODORO DE HERÁCLEA, quien pasó toda su vida librando las tierras de alimañas, monstruos y dragones. Es así que ahora los santos se convirtieron en aquellos seres que salvában a la humanidad, siempre y cuando dios se los permitiera; e incluso hoy en dia los santos siguen haciendo de las suyas, una que otra vez e incluso la gente sigue creyendo en ellos aunque casi núnca se tomen la molestia de leer lo que se escribió sobre ellos.
 El tiempo siguió su curso y ya en fechas más cercanas se crean otros seres, primero de manera escrita en las novelas, aquellos que tenían otra clase de dones y que no necesariamente eran tan santitos; ya por los 1990's
se crean a través de dibujillos, los SUPER HÉROES !!! de los cuales, por mencionar solo algunos, contamos con: SPIDER-MAN, un escuincle caguengue al cual lo muerde una araña y luego éste adopta las propiedades biológicas de tan común bicho; luego tenemos a SUPERMAN, que desde un planeta con nombre de elemento de la tabla periódica (Kr = Kriptón), llega para salvar a la tierra de los malos malosos y por supuesto de todo desastre natural que se le cruce en su camino, y claro que los mexicanitos no nos podíamos quedar atrás con los superhéroes (ni con los dioses o con los santos, pero eso lo dejo para otra entrada), y tenemos a nuestro preciado KALIMÁN, que con los poderes que le otorgaba una diosa hindú, por cierto [¿no será un santo de la india?], lograba salvarnos de los raterillos robacoches de la ciudad.
 El punto es que, si bien, el ser humano tiene la necesidad de creer, me sorprende que crea en todo menos en sí mismo, y me gustaría pensar que el dia en que todos los seres humanos nos demos cuenta de que somos los que creamos a los dioses, santos y superhéroes logremos entender que tenemos mucho más poder que todos ellos juntos; así es señoras y señores, nosotros somos los que creamos a los dioses y somos superiores (a todos ellos).

viernes, 11 de febrero de 2011

La cruzada de los niños del año 1212.


La Cruzada de los niños de 1212.

PONENCIA.

El presente trabajo, pretende dar a conocer el movimiento denominado como la cruzada de los niños y hacer un breve análisis de cómo fué posible que esto pudiera o no pudiera pasar, esto a través de ciertas temáticas seleccionadas y explicadas para su facil comprensión hacia un público general.

A manera de relato y con ciertas interrogantes explícitas, el trabajo de investigación en cuestión también pretende despertar la curiosidad en el expectador en torno al tema, además de su difusión y posible investigación.

Respecto a las fuentes, tenemos muchas referencias de esta cruzada, explicada e interpretada por diversos historiadores; sin embargo, el verdadero problema reside entorno a las fuentes de primera mano ya que solo hay pocas que mencionan este suceso.

Ahora bien, para poder hablar de cruzadas, debemos de comenzar por definir ésta expresión, así pues, manejaremos el término Cruzada como el nombre que se la ha dado a los movimientos militares organizados por el papado romano, a manera de “rescatar” los lugares sagrados de manos de los llamados infieles, en este caso a todos aquellos que no pertenecen a la fe cristiana, más específicamente hablando, a los que profesan la religión del Islam.

Fue la idea de recuperar todos los territorios perdidos a manos de la ya citada religión, la que se convirtió en prioridad para la cristiandad.

Ésta es una de las cosas que motivaron al papa Urbano II en el año de 1095, a proclamar un fuerte discurso, en el cual hace llamado a nobles, caballeros y gente del alto clero a defender y conquistar tierra santa de manos de los musulmanes, quienes la tenían en su poder desde el año 635 aproximadamente.

Es así que se da inicio al proceso de expansión cristiana, denominado como las cruzadas.

Entre las cruzadas oficiales, sabemos que se dirigen constantemente ejércitos de señores seculares, de anacoretas e incluso de niños, como es el caso del que ahora vamos a hablar.

En 1202, Bonifacio de Monferrato lideró un ejército cuyo objetivo inicial era liberar Jerusalén. Sin embargo, la ambición económica se impuso a la espiritual y decidió conquistar la capital bizantina, y este fué el resultado de la cuarta cruzada que finalizó en abril del 1204.

La sociedad de la época, es una sociedad agrícola en su mayoria, dedicada al cultivo y en otros casos al comercio; llenos de una fé extraordinaria en donde la existencia misma es dedicada a servir a Dios, un Dios que no es como el que se percibe hoy dia, sino un Dios que premia a los que pelean en su nombre y castiga a los infieles, paganos, herejes, hechiceros, brujas, etc. El poder de este Dios no está en el mismo, sus palabras son escuchadas solo a través de la máxima autoridad eclesiastica, es decir el Papado.

Es en esta época llena de mitos, de fe ciega y a través del orden papal, es que se hace el llamado a las personas de todas las condiciones sociales a elaborar una guerra en contra de los infieles, una guerra de fe, una guerra santa. Dicha guerra sería llevada a cabo por cristianos convencidos de que esto era lo correcto, debido a que el papa lo ordenaba y es el papa la conexión directa entre los hombres y dios.

El objetivo de la guerra es variable en proporción a quien lo vea; digamoslo así, para el Papa representa la máxima expresión del poder, pues controlar tierra santa significa proporciona a los fieles un respaldo de fe como ningún otro, además de que representa la más grande de las reliquias; para la nobleza europea, significa honores, los más grandes que se puedan tener, eso sin contar la ganancia económica que produciría para el reino; y por último pero no menos importante, para los aldeanos, la toma de Jerusalén representa un viaje directo al cielo y sin escalas, debido a que el papado ofreció una salvación directa a cambio de combatir a los infieles y recuperar tierra santa.

Y es así que en el año de 1212, y después del fracaso de las anteriores cruzadas, se reunió un pequeño grupo de jóvenes lidereado por un muchacho llamado Nicolás. El objetivo de su reunión era obvio, reconqistar el Santo Sepulcro y completar así la tarea en la que habían fracasado los poderosos de aquella época.

La mayoría de los niños, se cree, partieron a principios de julio con Nicolás a la cabeza, marcharon Rin abajo, cruzaron los Alpes y se dirijieron a Italia. Aproximadamente el 15 de agosto los niños llegaron a Génova -en número al parecer de 7.000, a pesar de las bajas sufridas en el camino-, donde ni se produjo el esperado milagro de que Dios les permitiese atravesar el mar a pie, ni los italianos, que ya en Lombardía habían seguido a la comitiva con mucho más escepticismo que los alemanes, les proporcionaron los barcos suficientes. Apartir de aquí se pierde la pista.

Si hemos de hacer caso a las crónicas, una parte se embarcó en dos naves de Pisa, de las que núnca más se volvieron a tener noticias. Otros fueron supuestamente a Roma para que el papa los liberase del voto al que estaban obligados, aunque la cruzada no se había proclamado oficialmente. Pero el papa sólo pudo eximir de esta obligación a unas personas que aún no estaban capacitadas para prestar juramento. Algunos llegarían hasta Brindisi, mientras el resto, abatidos y desilucionados, tomaba en noviembre el camino de regreso a casa atravesando los Alpes, ridiculizados ahora por las mismas gentes que los habían aclamado entusiasmadas a la ida.

Para poder entender esto con mayor claridad; tendríamos que hacer un pequeño análisis con varias ideas de la edad media, ya que si no nos centramos en el momento adecuado no podremos entender este fenómeno.

I.- La sociedad juvenil en la Edad Media.

Que no nos paresca extraña la idea de que unos chiquillos se junten, se lancen a la aventura y que sus padres no les pongan peros; ya que sabemos que, en la mal denominada edad media, los jovenes vagaban por las tierras en busca de premios y aventuras, por lo regular estos viajes no los hacen solos sino en grupo y lo habitual es que este grupo se consolide al rededor de un jefe.

Debido a esta concepción de joven que se tiene en la edad media, podemos decir que los niños que siguieron a Nicolás en su viaje a Jerusalén; solo se estaban adelantando a un viaje que tarde o temprano tendrían que hacer, o bien no era extraño que estos viajes se hicieran.

Por otra parte, recordemos que debido a las condiciones climáticas y al constante trabajo de la sociedad medieval, digamos que estos niños no eran tan frágiles como se podría suponer, ya que se alimentaban de una manera mucho más saludable que nosotros, debido a su condición de trabajos constantes su cuerpo resistía más y por lo general eran delgados ya que se encontraban en constante movimiento, entiéndase que esto aplica particularmente a las clases trabajadoras que son las que nos interesan en este trabajo.

II.- Cuestión de premio y castigo.

Otro aspecto fundamental para la comprensión de este tema, es la cuestión del castigo y la recompensa.

Toda la sociedad medieval funcionaba entorno a la idea del castigo divino, es decir el infierno, por ello entendemos que a una sociedad a quienes se les pintaba el infierno como un lugar absolutamente negro, sin esperanzas y con castigos mucho peores que los recibidos en vida; la luz de la idea del cielo era tan brillante que no se comparaba a ninguna otra cosa en la existencia humana.

Cuando el Papa plantea la idea de un perdón absoluto a todos los pecados, luchando para rescatar los lugares sagrados, convirtiendo a la sociedad en un ejército de dios, es evidente que la idea encajara perfectamente y más aún que todo aquel que aspirasé a una vida después de la muerte llena de luz estubiera dispuesto a dar el mejor sacrficio que le podía hacer un fiel a dios y este era el de morir defendiendo Tierra Santa.

Por este motivo es que vemos cruzadas llenas de todo tipo de personas, desde el que puede considerarse como el más noble de los hombres, es decir un rey, hasta aquél personaje que se puediera decir no tenía nada que perder, es decir los pobres.

Ahora sabemos que los Papas, al proclamar sus indulgencias, insistían siempre en las intenciones que llevaban a los fieles a participar en las cruzadas, en las peregrinaciones, en las fundaciones piadosas y en la entrega de cantidades a la iglesia. Estas doctrinas y exhortaciones no pasaban inadvertidas para las gentes de condición noble y llegaban al corazón y al espíritu de muchos empedernidos pecadores, haciéndoles convertirse interiormente.

En otras palabras, la idea del perdón total de los pecados, por terribles que fueran, es una cosa muy importante para todos los estratos sociales, no solo para los pobres, sino también para los ricos y como ya lo mencioné la idea del perdón tampoco es exclusiva en las cruzadas, ya que muchas personas eran perdonadas de sus pecados con el simple hecho de hacer un viaje a Tierra santa y de regreso, pero eso lo trataré un poco más adelante.

Ahora bien, siguiendo esta línea de investigación tenemos otra motivación que es muy probable que impulsara a los niños a su aventura; esto es la idea de la pureza, ya que como es bien sabido, desde tiempos inmemorables, para los fieles de la cristiandad, se ha tenido la idea de que los pequeños mantienen un alma pura debido a su aparente inocencia y falta de impulsos hacia el mal. Pues esta misma pureza la que puede derrotar al enemigo sin necesidad de armas, ya que al ser los niños y los pobres los favoritos de dios, es posible que Nicolás y sus compañeros creyeran que dios los protegería de todo mal.

III.- De las cuestiones económicas.

Respecto a esta cuestión de cómo pudieron solventar su viaje y lo que esto les hubiera costado; bueno la respuesta es un tanto simple, la cruzada de los niños no fué financiada por nadie, según las fuentes, sabemos que estos niños partieron de sus casas con escazo alimento, sin una moneda y con más fé que ningún otro.

Sin embargo el que un miembro de la familia fuera a una cruzada y si salían victoriosos de ésta, representaba un gran honor y prestigio, y no se puede pasar por alto que un cruzado victorioso se convirtiera en un personaje importante, no solo en su propio pais, sino en el resto del mundo cristiano.

Tenemos fuentes que nos dicen que incluso los campesinos que no tenían muchas posibilidades de pelear, querían ir a las cruzadas poniéndose al servicio de los caballeros, esto debido a que su futuro en Europa era incierto en muchos casos, pero con los cruzados tenían la posibilidad de ganar dinero e incluso de ascender en la escala social.

Si esto lo relacionamos a que la diferencia social en Europa al año de 1212 era muy evidente, podemos tomar esto como otro posible antecedente que explicaría el porqué los niños decidieron partir a Jerusalén.

IV.- La cuestión de veracidad.

De acuerdo a las diferentes versiones que las fuentes lograron aportarnos, tendríamos que detenernos un poco en el tema de si la historia de los niños viajando a Jerusalén es creible o nó.

Las reflexiones antes tratadas, nos dan un fuerte indicio de veracidad, ya que es posible deacuerdo al contexto histórico que se halla llevado a cabo esta dicha cruzada. Aunque también tenemos la versión contraria que nos dice que no se trataba de niños, sino más bién de pobres, pero que los vocablos en latín son fácilmente confundibles.

Si bién, ambas versiones son posibles cabe ahora situar nuestros pensamientos en la política de la época y revisar ciertas características muy convenientes para el poder del Papa.

Primero, tomemos como referencia el número del año de la cruzada, 1212, sabemos que el número 12 es una especie de número sagrado dentro de la creencia cristiana, entonces que no nos extrañe que este evento se dé en esa fecha.

Segundo; tras cuatro fracasos en las pasadas cruzadas, el ánimo de la sociedad medieval de Europa estaba decallendo en torno a la participación en las cruzadas, esto por los constantes cambios de política y objetivos que los caballeros cruzados llegaban a tener. Esta pudiera ser una razón considerable de propagandística, ya que según otra de nuestras fuentes, aparentemente el Papa Inocencio III, parece haber dicho: Estos niños nos avergüenzan; mientras nosotros dormimos, ellos caminan alegres. Con esta frase deberiamos de tomar muy en cuenta que en definitiva el que unos chiquillos inocentes fueran a pelear por el reino de Dios, mientras que los adultos fuertes se quedan en casa, debía ser bastante humillante para el hombre medieval, el cual siempre mantenía en la cabeza la idea del honor, la gloria y el perdón divino.

V.- La idea del reclutamiento.

Otra incógnita que se nos está quedando en el aire, sería la posibilidad de que un niño desconocido pudiera reclutar a 7000 niños, lo cual es un número considerable de personas.

Si bien las fuentes no son claras al respecto, tienen un punto de coincidencia, y este es que a través de un susodicho milagro -las versiones apuntan a dos posibles, uno es que Nicolás encontró una carta escrita por dios diciendo lo que tenía que hacer, cosa que queda descartada ya que la sociedad infantil en la época medieval era en su gran mayoria analfabeta, y la segunda apunta a que se le aparecío dios en la forma de un mendigo especificando que los niños debido a su carácter de pureza, eran los únicos que podian liberar tierra santa- los niños se fueron convenciendo de que Nicolás los guiaría a la conquista de Tierra Santa.

En lo particular prefiero seguir la idea de los beneficios económicos que representaba para ellos y sus familias el que un niño obtuviera los honores de ser un caballero cruzado.

Y para terminar con esta breve reflexión en torno a la cruzada de los niños, me gustaria argumentar el final de la historia -por cierto es otra cosa en la que las fuentes no se ponen muy deacuerdo- final que también tiene variantes, una versión nos cuenta que al llegar los niños al mediterráneo contaban con que el mar se abriera por obra de dios como lo hizo el rio Nilo muchos años atrás, al no abrirse y no permitirles el paso, la gran mayoría se resignó y decidió volver a sus casas, salvo dos pequeños grupos, uno que fué a roma a pedir apoyo al Papa para llevar a cabo la cruzada y otro que logró transportarse en dos barcas que consiguieron con comerciantes de los poblados cercanos, de éstos últimos, se dice que fueron transportados y vendidos en egipto como esclavos.

La otra versión nos dice que cansados de tantos viajes, decidieron regresar a roma y establecerse ahí, buscando empleos y desarrollando diversos oficios -a propósito de esto, tenemos fuentes que aseguran que por estas fechas se llevaron a cabo bastantes oleadas migratorias buscando una mejor vida-.

Ahora bien con toda la información aquí expuesta podríamos hacer una pequeña comparación entre las formas de propaganda que se han dado en distintas guerras, ya sean guerras santas o nó, si bien estas guerras representan para el pueblo mucho más que el simple hecho de pelear, la forma en que se les hace “el llamado” a pelear por Tierra Santa es sin lugar a dudas, una propaganda muy eficaz.

Quizás este fué el propósito de dicha cruzada, el acercar a los individuos comunes y corrientes, impulsarlos a pelear por su Dios, y por supuesto, poner de ejemplo que nisiquiera los niños se amedrentan ante esta lucha en contra de los infieles y por último hacerle creer al publo que la fe lo puede todo.

Lo único cierto de esta leyenda es que a pesar de ser un suceso aparentemente grande, no hay registro de quienes fueron los niños, ni de que se moviera un grupo gigantesco de infantes desde la actual Alemania hasta Roma ni de que el grupo haya tenido contacto con el Papa directamente.

Es a partir de esta leyenda que surge el cuento de el flautista de Hamelin, aquél que relata un problema de ratas y que con ayuda de el flautista mágico logran eliminarlo, pero al negarse el pueblo a pagar por los servicios de dicho flautista, este en venganza roba a todos los niños por la noche.

Mito, leyenda, realidad o ficción; la cruzada de los niños es uno de los interrogantes más grandes de la historia, y que ha servido a manera de dar una lección de fé a todo el pueblo de la cristiandad.